CARLOS G. REIGOSA
14 dic 2001 . Actualizado a las 06:00 h.Francis Fukuyama logró un reconocimiento global con su libro El fin de la Historia, que contenía una sugestiva argumentación sobre la nueva era poshistórica en la que entrábamos: la era de la democracia universal. Su exposición siempre fue objeto de polémica, pero nunca había sido contestada con tanto vigor y desdén como desde que se produjo el brutal atentado del 11 de septiembre. El escritor Antonio Muñoz Molina, que siguió en directo en Nueva York el impacto del terror, lo resumió con rotundidad: "Hoy es aún mayor la tontería de Fukuyama sobre el fin de la Historia". Desde entonces Francis Fukuyama no ha hecho otra cosa que tratar de salvar los muebles de una quema que no está exenta de cierta pasión inquisidora, y, admitiendo un error de cálculo en el tiempo, sostiene y reitera que la Historia sigue moviéndose hacia la democracia global. Lo que ha ocurrido ahora es que ha chocado con el último obstáculo (que él no había previsto): el islamofascismo, que es el «enemigo real con el que nos enfrentamos», el enemigo del Nuevo Mundo que él preconizó y, también, el enemigo de su teoría del fin de la Historia, ahora maltrecha y escarnecida. ¡Otra más!