EL MENOS COMÚN DE TODOS LOS SENTIDOS

La Voz

OPINIÓN

ARTURO LEZCANO EL AMIGO DEL LECTOR El menos común de los sentidos no es, como quiere el dicho común, el llamado sentido común, sino otro muy distinto, no sé si el sexto o el séptimo. El lector imparcial lo descubrirá, creemos, por sí mismo, desprendiéndose de una carta recibida por correo convencional o, si lo prefieren, tradicional. No es muy periodístico, concedemos, dilatar el «secreto», pero en este caso nos ha parecido oportuno no adelantarnos, por mor de la neutralidad del Amigo del Lector. Otras comunicaciones de la semana forman parte de grupos más conocidos, en coincidencia con contrariedades anteriores, no raras en los periódicos. Aprovechamos la oportunidad para recordar que sólo de manera excepcional responderemos a repreguntas derivadas de asuntos precedentes.

24 nov 2001 . Actualizado a las 06:00 h.

Francisco Rey Álvarez, de Vigo, muestra su «...rechazo y desagrado por las dos viñetas de humor, de los autores Pinto y Chinto, publicadas en su diario los días 12 y 13 del mes actual y que hacían alusión a los acontecimientos del derrumbamiento de las torres gemelas el primero, y el accidente del avión Airbus el segundo, ocurridos en la misma ciudad de Nueva York». «Estoy más que seguro -comenta el corresponsal- que tanto una viñeta como la otra no arrancarán ni la más mínima sonrisa de los lectores... ya que todos nos vemos afectados por esta tragedia humana y más todavía por la falta de tacto y sensibilidad hacia los seres humanos y más aún cuando su contenido no representa más que el morbo y el horror. Creo que esto está fuera del contexto y del sentido común y que, lamentablemente, de cuando en vez aparecen en nuestro diarios locales». Y concluye: «Srs. maestros del humor. Por favor, busquen otros acontecimientos más agradables y originales y menos morbosos para hacer sus viñetas». Una reflexión Nuestros compañeros Pinto y Chinto responden sucintamente, en, por una vez, una línea nada humorística: «Francisco Rey Álvarez nos reprocha que hayamos tratado el atentado contra las torres gemelas y el accidente del Airbus en Nueva York, asegurando que los dibujos no arrancaron ni la más mínima sonrisa. Debemos decir que en absoluto nuestra intención era provocar la risa ante un tema tan trágico, sino mover a la reflexión. Ante asuntos de esta gravedad, el humorista no debe mirar para otro lado, sino mirar con mirada amarga». «La frivolidad -estiman- no reside en el tema elegido, sino en la manera de abordarlo». Réplica impecable, nos parece, pero que se queda un poco corta. Quizá Pinto y Chinto -que, dicho sea de paso, nada tienen que envidiar a parejas de humoristas de «la capital de España»- podrían haberse extendido en diferenciar la naturaleza del humorismo de la vis cómica, como producto del espíritu crítico, independiente y, por supuesto, racional, no para diversión de los ganadores, siempre dispuestos a pagar a un bufón, sino de los ciudadanos corrientes, los «paganos» según la jerga popular. Nada hay que no pueda ser objeto del criticismo del humorista, incluso a través del sarcasmo, si las circunstancias lo imponen. Claro que los humoristas están curados de espanto y ciertos de que el sentido del humor es el menos común de los sentidos. Con pena y sin gloria Nuestro ya viejo conocido ferrolano Julio Barallobre insiste en disentir: «...¿Está seguro que, con los detalles publicados en algunos medios, no pueden dar lugar a que los activistas-terroristas de ETA no lleguen a localizar?...». «...Por favor -encarece-, no debe decir que ''En efecto, un periodista dotado de instinto no podría renunciar nunca, so pena de desnaturalizarse, a publicar...un acontecer excepcional''. Una cosa es publicar el hecho y otra publicar detalles que puedan descubrir su persona...». «...En cuanto al símil -opina- pues tampoco me parece correcto, ya que no deben arrogarse la potestad de, con la pluma, curar enfermos...». «...¿Es que la vida de una persona -objeta- no está por encima de la ''gloria'' por la publicación de una noticia?...». Barallobre debe de habernos entendido mal o quizá nosotros nos expresamos peor. El símil del médico, que en ningún caso renuncia a curar, como el periodista a informar, implica hacerlo con mucha pena a veces y escasa gloria personal casi siempre. Periodistas Piénsese en los periodistas europeos, entre ellos un español, conscientes de que se hallaban en primera línea de una guerra y sin embargo no desertaron. La mayoría de los periodistas, desde luego, no corremos esos riesgos, lo cual no quiere decir en modo alguno que carezcamos del instinto de aquéllos. Quizá nos falte el valor o simplemente, las circunstancias. Pero somos periodistas y, si lo somos, nuestra visión será indefectiblemente la de unos periodistas.