JUAN J. MORALEJO
19 nov 2001 . Actualizado a las 06:00 h.Dicen que la ministerial mano perpetró una hortopedia en un libro de honor y los ortógrafos todos del reino se rasgaron las vestiduras porque no sabían que la hortopedia no tiene nada que ver con el arte de evitar o corregir deformidades físicas y creían, por tanto, que la hache inicial era una espuria deformidad que la ministerial mano debería haberse evitado. No sabían los muy cortos criticones que la ministerial mano se refería a la hortopedia -¿y por qué no ya con mayúscula, Hortopedia?-, la ciencia que enseña a meter bien el pie en el huerto: del latín pes, pedis, de la tercera (como hostis, hostis, el enemigo), y hortus, que se traduce sin manos. Porque hay gente sin la menor hortopedia y te son un peligro para los claveles, los grelos y los pimientos que con tanto amor cultivas. La Hortopedia es una de las ramas más útiles de la Horticultura, uséase, la cultura de llevar a la gente al huerto, que es un lugar la mar de ancho y opinable, pues hace unos años una boca parlamentaria parafilípica emitió y remachó aquello de los jóvenes y las jóvenas, que fue muy disculpado en su cofradía e incluso saludado como una notabilísima enmienda al machismo lingüístico. Y antes de bajar el listón de gente de gabinete y parlamento, recordemos tiempos en que estas merluzadas, siempre posibles, eran un pelín más estridentes en bocas y manos con un bachillerato decentito. Hubo en la II República un pollo cuya llegada a Obras Públicas motivó este telegrama entre amigos: «Te juro por la gloria de mi madre que a X lo han hecho ministro». Uno de los días gloriosos de X fue el de inaugurar carretera en Palencia y largarse el floreo de que en el reverso de las señales de tráfico se resumía la virtud de aquella provincia: O.P., Onradez Palentina. Y es que habezes, como escribía un alumno de la exigentísima Seletividá, al cargo de ministro le ocurre lo mismo que a la condición equina, es decir, que ¡cabalo é calquera! Acabo de oír que entre los afectados por un accidente había «un recién nacido de tres meses». Una de tres, o el adverbio recién ha sufrido un prolapso semántico, o el recién nacido es un niño calendariamente precoz, o estamos en cuenta especial de un embarazo de doce meses. Me inclino por una de cuatro: que el informante pueda acabar de ministro. «Dieta pobre en hidrocarburos» Y además ministro de Sanidad para cuando, ya consolidada la Hortopedia, tengamos que hacer frente a las consecuencias de la dieta pobre en hidrocarburos que hace unos días recomendaba un pico de oro de tertulia radiofónica. Se nos va a quedar chuchurrío y esmirriao el personal con esa dieta y ya estoy viendo a los médicos en tareas de recetar tres cucharadas de 95 octanos sin plomo o un jarabe diesel. Al final hasta puede ser que suba la gasolina para pagar el gasto sanitario de los que tienen que dejarse de regímenes y beberse un litro de súper cada ocho horas.