ANXO GUERREIRO TRIBUNA
14 nov 2001 . Actualizado a las 06:00 h.Con excepción del proceso abierto en el BNG, cuyo final es todavía incierto, el hecho más relevante tras las elecciones gallegas lo ha protagonizado Francisco Vázquez. En unas importantes declaraciones, el alcalde de A Coruña proclamaba, en abierta polémica con el propio Felipe González, que la principal línea divisoria de la sociedad gallega no era entre derecha e izquierda, sino entre nacionalistas (gallegos) y no nacionalistas (gallegos). No parece que el diagnóstico de Vázquez sea acertado. De hecho, entre el PSOE y el BNG existen importantes vasos comunicantes, con frecuentes trasvases de votos entre ambos, dependientes del momento político o del tipo de elecciones de que se trate. Más sólida parece haberse mostrado la línea divisoria entre izquierda y derecha, que prácticamente nadie ha traspasado en una u otra dirección, en las tres últimas elecciones autonómicas. Pero la verdadera importancia de la posición formulada por Vázquez reside en que trata de configurar una propuesta estratégica, que de prosperar produciría importantes efectos en la sociedad gallega y en el mapa político. En efecto, tal estrategia tiene a sustituir el actual pluralismo político, que viene expresándose democrática y civilizadamente, por la confrontación entre dos polos identitarios, entre dos espacios cerrados e irreconciliables: el nacionalista y el no nacionalista. Las fracturas y tensiones que tal mutación producirían en la sociedad gallega serían impredecibles y desde luego indeseables. Para la izquierda las cosas no irían mejor. Si ésta llegase a asumir que la división principal de la sociedad es la que separa a nacionalistas y no nacionalistas, el corolario que se desprende de aquel teorema sería la necesaria colaboración del PSOE con el PP frente al nacionalismo, que pasaría a ser el adversario principal. En la actual correlación de fuerzas (50% del PP, 21,5% del PSOE), ni siquiera podríamos hablar de colaboración sino de mera subordinación de la izquierda al proyecto hegemónico de la derecha en Galicia. Los efectos para la izquierda serían devastadores. Más lógico parece que el PSOE aproveche la legislatura para formular, construir e impulsar un proyecto alternativo al PP que, liderado por la izquierda, sea capaz, para ser creíble y posible, de implicar al nacionalismo democrático. Veremos cuál de estas opciones se impone en el PSOE. Las primeras señales las tendremos en la constitución del nuevo Parlamento y en la sesión de investidura.