ALFONSO DE LA VEGA
29 oct 2001 . Actualizado a las 06:00 h.En el libro que sobre Osama Bin Laden ha repartido La Voz del sábado se hacen comparaciones desatinadas y, desde luego, harto exageradas, entre el terrorista saudí y el arquetipo de don Quijote. La inspiración de gentes como Bin Laden puede encontrarse en el mito del héroe sacrificado que hay que imitar, tanto político como religioso, pero nunca en el ideal del caballero andante. Una base documental histórica del ideal del caballero puede buscarse en el Libro del caballero y del escudero de Raimundo Lulio escrito en 1275, la saga artúrica, o en la literatura posterior de los llamados libros de caballerías. Respeto al Islam Cervantes, que fue un soldado valiente que combatió al imperio de la Sublime Puerta en Lepanto y que estuvo preso en Argel durante un lustro que marcó su vida, trata sin embargo con gran respeto al Islam. Respeto que existía muchas veces entre los caballeros cristianos e islámicos. En primer lugar nos dice que la historia de don Quijote está compuesta por un historiador arábigo, Cid Hamete Benengeli, en el que simboliza la inconmensurable acción del Islam en la cultura española, la transmisión del legado de la antigüedad, realizada en lo que a libros se refiere, también fundamentalmente en Toledo. Como buen feminista, sin duda admiraría la relativamente mayor libertad de costumbres de la mujer morisca e incluso judía de la época frente a la cristiana. Libertad erótica que probablemente influyó de algún modo en la expulsión de los moriscos. Pocos momentos tan emocionantes en El Quijote, como cuando el morisco Ricote, vuelto de incógnito a España nos revela el drama de su corazón. «No hemos conocido el bien (de ser españoles) hasta que lo hemos perdido»; «...agora conozco y experimento que es dulce el amor de la patria»; «...fuimos castigados con la pena del destierro... la más terrible que se nos podía dar. Doquiera que estamos lloramos por España», etcétera. Ricote nos expone sus esperanzas de pasar a Alemania porque «se podía vivir con más libertad ...la mayor parte de ella vive con libertad de conciencia». Cervantes, en una actitud absolutamente moderna de defensa de los derechos individuales frente a la mal llamada razón de Estado, se solidariza lo más claro y tajantemente que la censura inquisitorial permite con los moriscos españoles recién expulsados por la mendaz política de los Austrias. Inmadurez Sobre la comparación entre las torres neoyorquinas y la acometida a los molinos de viento cabe matizar algo también. Don Quijote se inicia en la caballería de modo espúreo. En su voluntad sin maestría aún, al principio de sus aventuras embiste a los molinos como convertidores de energía, es decir, como responsables de algún modo de las bases materiales en las que se asientan las sociedades. Don Quijote es aún un aprendiz de caballero: si el mal se refugia en la materia, acabemos con la materia. Es víctima en la inmadurez de ese momento de su vida iniciática de la paradoja de la paloma de Kant: qué bien volaría la paloma si no hubiere rozamiento del aire. Pero no comprende que sin aire no hay sustentación ni posibilidad de vuelo. Desde el punto de vista epistemológico, el mal que el caballero debe combatir permite conocer y dar pasos en la evolución de la conciencia tanto a nivel individual como de las civilizaciones.