¿QUIÉN GANARÁ EL 2005?

La Voz

OPINIÓN

XOSÉ LUÍS BARREIRO RIVAS

22 oct 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

Aunque el dato para la historia es la cuarta mayoría absoluta de Manuel Fraga, que se hace acreedor de todos los reconocimientos y felicitaciones de la noche electoral, la noticia -eso que ahora sabemos y antes desconocíamos- está en los 17 escaños del BNG y los 17 del PSOE. Porque, además de cambiar el papel de sus respectivos líderes en el teatro de una transición inminente, determinan la función que va a desempeñar cada partido en la estructura política de Galicia. Y, aunque la primera tentación es la de decir que el BNG salva los muebles con su segunda posición y el PSOE hace lo mismo con su apreciable incremento de votos y de escaños, me parece evidente que, en términos cualitativos, podemos resumir el resultado de estas elecciones con una frase casi inversa a la que usamos en 1997: Fraga tiene una victoria absoluta, Touriño una victoria relativa, y sólo el Bloque Nacionalista Galego se queda con la derrota. El éxito de Fraga es admirable y extraordinario, aunque no quepa del todo en mis esquemas de politólogo racionalista, pero era un dato sabido y descontado, que no modifica en nada lo que todos tenemos -y algunos disfrutan- desde hace doce años. Pero la nueva relación de escaños entre el BNG y el PSOE, que pasa de 15/18 a 17/17, ni era sabida ni estaba descontada, y constituye un elemento nuevo y muy significativo para el análisis de las estrategias de oposición y para el desarrollo de una legislatura que se presenta llena de complejas incógnitas. Por eso creo que, dentro de la evidente sensación de inmovilismo que se desprende de los datos, estas elecciones sirvieron al menos para dejar claras tres cosas importantes: que la caída del PSOE al tercer puesto no es definitiva y que podría modificarse en futuras consultas; que el juego de votos de la izquierda sigue preso de la competencia entre el BNG y el PSOE sin afectar para nada a la evolución del Partido Popular; y que no se vislumbra ninguna alternativa al PP que no pase por una coalición estable entre el BNG y el PSOE, articulada sobre la evidencia de un empate a puntos -o de victorias pírricas alternativas- en su particular contienda. Ello no obstante, yendo un poco más allá de los distingos de urgencia, creo que estas elecciones no van a servir para cambiar nada, ni para bien y para mal, y que su verdadero resumen es que -Julio Iglesias dixit- la vida sigue igual. El PP no va a cambiar nada porque no lo necesita. El BNG tampoco va a cambiar nada porque no puede. Y el PSOE también seguirá igual porque obtuvo el símbolo del éxito que le va a permitir seguir adelante en su particular batalla contra el nacionalismo. Y así llegaremos al año 2005, cuando el PSOE alcance los 17 diputados, el BNG 16 y Cuiña 42. ¡Felicidades, Pepe, quiero ser el primero!