ELEGIR

La Voz

OPINIÓN

CARLOS G. REIGOSA

19 oct 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

En un día como hoy, víspera de elecciones en Galicia, es inevitable ponerse un poco solemne. Escribió Tácito hace dos mil años que «son raros aquellos tiempos felices en los cuales puedes pensar lo que quieres y decir lo que piensas». Quizá no esté de más recordar que estamos en uno de esos privilegiados tiempos y que tenemos el deber de saberlo, de valorarlo y de no echarlo en olvido. Es ésta la mejor manera de perseverar en el buen camino y hacer más seguro, fructífero y enriquecedor el futuro de la democracia (y por lo tanto de la sociedad) en que vivimos. Todo se ha dicho contra la política (o contra sus mezquindades, que las tiene), pero la realidad es que todos estamos dentro de ella y a todos nos concierne. Y todos somos responsables de sus resultados. En este sentido, al votar también nos convertimos en nuestros propios gobernantes, porque justamente saber gobernar en saber elegir. Un hombre de hierro llamado Bismarck dejó sentenciado que la libertad es un lujo que no todos se pueden permitir. La Historia le da la razón. Por eso, cuando uno vota en democracia acredita que es un ciudadano libre, soberano, de primera. Sin duda.