Lois Blanco
30 sep 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Ante un millar de andaluces tan imbuidos de la cultura gallega que incluirían las miñocas entre las variedades de mariscos de las rías, Javier Arenas demostró ayer que nada aprendió de la lección democrática que los vascos ofrecieron en sus elecciones autonómicas. El secretario general del PP va camino de convertirse en un enemigo para su partido. Y también para ese candidato que eleva a la condición del «mejor del mundo». ¿Será, además, el mejor del mundo mundial? Bueno, al grano. Si Arenas tiene algún amigo en Galicia, éste debiera darle algunos consejos. El discurso que tanto practica sobre el demonio independentista que viaja en los vientres de los dirigentes del BNG es una versión cutre de Alien; un ronquido durante una siesta en un cortijo andaluz. Arenas aún no ha presentado, que se sepa, las fotografías de un dirigente del BNG al que le haya salido esa supuesta bicha independentista por el esófago. La criminalización gratuita del nacionalismo democrático es para los gallegos con sentidiño que tanto gustan a Fraga como el cuento del lobo.