DESTINO

La Voz

OPINIÓN

CARLOS G. REIGOSA

21 sep 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

Uno observa todos los movimientos de tropas, las proclamas de adhesión incondicional que hacen muchos gobiernos ante las iniciativas estadounidenses, las declaraciones de total disposición a secundar esta nueva cruzada de perfiles todavía difusos e inciertos, y se pregunta: ¿sabe alguien hacia dónde estamos yendo? No se trata de discutir -y menos aún de desacreditar- lo que está ocurriendo. Se trata de saber para qué se hace, qué se quiere conseguir con ello, y cómo. Los medios de comunicación hablan sin parar de Osama Bin Laden, cincelado como el cerebro del mal -y probablemente lo es-, pero, al mismo tiempo, el presidente Bush nos anuncia una guerra larga y sucia, de varios años, hasta liberar el orbe de la lacra terrorista. Las Bolsas se desploman aterrorizadas, más que por los propios terroristas, por tanta incertidumbre, que ahonda y precipita la adversidad del ciclo económico. Y el desconcierto se apodera de casi todos, incapaces de mantener la cabeza fría en medio de tanta confusión. Sería muy triste que al final los terroristas hubiesen logrado su objetivo de sumirnos en el caos y en la desconfianza. Es algo que no debe -¡no puede!- ocurrir.