ANTONIO PAPELL
18 sep 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Produce grave inquietud la noticia fidedigna de que los servicios secretos americanos han pedido a las autoridades reguladoras de diversos países europeos que examinen la existencia, ya detectada con anterioridad por dichos servicios, de actividades especulativas inmediatamente anteriores a los atentados del 11 de septiembre con valores bursátiles que se desmoronaron después de la agresión: acciones de empresas de aviación y de compañías de seguros. Si se confirmaran tales movimientos, que indicarían que sus autores conocían con anterioridad la comisión de los atentados, ello significaría que el mundo financiero está también infiltrado por las propias redes terroristas. Ya se conocía que Bin Laden tiene una gran fortuna y una singular capacidad para los negocios, pero es cuando menos sorprendente su osadía y la de sus cómplices para manejar hasta ese punto los hilos de sus propias finanzas. Con claridad, el terrorismo internacional tiene una estructura y una envergadura superiores a lo que imaginábamos. Y la respuesta de los estados tiene que ser por tanto más dura y contundente de lo que requerirían amenazas más rudimentarias.