¿RESPUESTA UNILATERAL O INTERNACIONAL?

La Voz

OPINIÓN

JORGE PUEYO LOSA

18 sep 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

Se prepara la respuesta. Y aunque por ahora domina la prudencia, parece que los puntos de mira empiezan a estar más definidos, provocando las primeras oleadas de refugiados. Pero sobre todo ya se han venido formulando algunas de las claves que servirían para legitimar y ejecutar las medidas de reacción frente al gravísimo atentado terrorista que ha padecido el pueblo estadounidense. Se habla de guerra, de acciones militares en represalia, de intervención de la OTAN, de cooperación o concierto internacional para hacer frente al terrorismo, de un nuevo orden mundial... y la verdad es que detrás de todo ello hay una profunda confusión que podría desembocar en un grave fortalecimiento del desorden internacional que venimos padeciendo desde el final de la Guerra Fría. Bien es cierto que los gravísimos acontecimientos del pasado 11 de septiembre podrían servir para remover la conciencia pública internacional e intentar la construcción de un nuevo orden mundial, por otra parte ya tan anunciado, que superando el liderazgo incontrolado de la Gran Potencia, permita a la comunidad internacional organizada atender a los problemas globales que padece la Humanidad, entre ellos el terrorismo. Sin embargo, de las posiciones mantenidas hasta ahora por los gobiernos occidentales, no cabe sino deducir una línea de preocupante continuismo con el orden internacional establecido o, lo que es lo mismo, de permanente y férreo acatamiento a las directrices que marcan los EEUU. Al mismo tiempo que se reconoce la dimensión internacional de este asunto, y se advierte sobre la necesidad de procurar una reacción colectiva, se expresa el apoyo -incondicional- que se ha de prestar a las acciones que se decidan practicar desde el Gobierno norteamericano. No es posible, sin embargo, jugar en la práctica a dos bandas, y mucho menos desconocer las consecuencias tan radicalmente distintas que la opción por una u otra pueden generar en el juego de las relaciones internacionales. Hay que reconocer que por la naturaleza y alcance del conflicto nos encontramos ante un acto de terrorismo internacional (sin precedentes por su magnitud y estilo) que, desde luego, ha sufrido y sufre directamente el ciudadano de EEUU, pero que también repugna, interesa y afecta a la comunidad internacional en su conjunto. Por ello, por su dimensión y trascendencia internacional, la planificación y desarrollo de las medidas de reacción sólo corresponde, conforme a la más estricta legalidad internacional, a la comunidad internacional organizada, y no a la decisión unilateral de un Gobierno, el de los EEUU, con el apoyo de sus aliados. Son las instancias internacionales de representación universal, es decir, la Organización de Naciones Unidas por medio fundamental-mente del Consejo de Seguridad, las encargadas de realizar una valoración objetiva, plural y global sobre el acto terrorista y sus consecuencias. El orden jurídico internacional prohíbe cualquier medida de represalia armada adoptada unilateralmente por un estado o grupo de estados. Ni siquiera el artículo 5 del Tratado del Atlántico Norte justificaría una reacción en legítima defensa frente al agresor (?), toda vez que la legitimación de dicha reacción desaparece cuando la respuesta ya no es inmediata y el daño ha cesado. En estos últimos años, los EEUU y sus aliados han vulnerado de forma flagrante el Derecho internacional, provocando un desmantelamiento del sistema de la Carta de las Naciones Unidas, que a todas luces conduce a una peligrosa desestructuración del orden internacional. Y en el momento presente todos los indicadores hacen presagiar que su conducta seguirá avanzando conforme a estas coordenadas de subversión del orden legal internacional, pues aun cuando el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas ya ha adoptado una posición en el asunto, expresando su disponibilidad a tomar todas las medidas necesarias -lo que conforme a la Carta le convierte en el único guardián del conflicto-, los gobiernos se han olvidado de que existe la ONU y esperan, junto a una opinión pública confundida, la decisión del presidente de los EEUU. De ser así se habrá desaprovechado una nueva oportunidad para sentar los cimientos de un Nuevo Orden Mundial; los estados occidentales deberían permitir y exigir, conforme a posiciones más sólidas y comprometidas con la legalidad internacional, que sea la comunidad internacional organizada la que realice una reflexión plural, global e integrada conjugando claves tan interdependientes como la naturaleza y alcance de las posibles medidas, atención decidida hacia conflictos regionales como el de Oriente Próximo, fortalecimiento de la cooperación internacional contra el terrorismo, signos de compromiso firme en la resolución de los padecimientos que cada vez con mayor dramatismo viven los pueblos desheredados de la Tierra... Las medidas unilaterales y de fuerza no sirven, solas, para derrotar el terrorismo. Como todo orden, el Nuevo Orden Mundial, si ha de estar basado en parámetros de justicia y solidaridad, exige reflexiones y decisiones de carácter plural y global.