¿CÓMO RESISTIRSE A LA TRAGEDIA?

La Voz

OPINIÓN

ROBERTO L. BLANCO VALDÉS

18 sep 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

Es, y será, uno más de los muchos efectos colaterales de la catástrofe del 11 de septiembre: la práctica desaparición de cualquier otra noticia del escenario informativo. Pues la fuerza de un desastre como el que ese martes vivimos en directo resulta tan arrolladora que la inmensa mayoría de los acontecimientos que constituían hasta entonces el día a día de la vida política, económica y social desaparecen de un plumazo. ¿En qué tertulias se habla ahora de Eva Sannum? ¿Quién está en estos momentos preocupado por la refriega entre Fraga, Beiras y Touriño? ¿Cómo seguir con atención la evolución del asunto Gescartera? ¿Y los prodigios de Ibarretxe, que afirma ahora estar al tiempo en favor de la autodeterminación y del Estatuto? No se vayan a creer. Yo comprendo, desde luego, lo difícil que ha de ser meterse con Cuiña, o acusar a Beiras y a Touriño de estar en una nebulosa, cuando el mundo escribe una de las páginas trágicas del siglo que acaba de nacer. Y comprendo, créanme, la desagradable sensación de muchos hombres públicos, al pensar en lo ridículos que pueden parecer por el simple hecho de seguir, como si nada, con lo suyo. Pues, claro está, las elecciones gallegas habrán de celebrarse el día 21; y la comisión que investiga el asunto Gescartera deberá seguir metiendo la mano en el puré batido por los responsables de ese fraude gigantesco; y el Príncipe y su novia -si es que tal novia existe de verdad- tendrán que deshojar aún la margarita que ambos tienen entre manos; y ¿cómo no? el lehendakari habrá de continuar sembrando confusión, que es cosa que hace como nadie, tras muchos años entrenándose. Pero, ¿cómo evitar, en todo caso, la certeza dolorosa de que se habla para un auditorio inexistente, de que se gesticula en una sala abandonada por el público, tras saber aquél que es en la calle donde está produciéndose el auténtico espectáculo? Sí, ¡es verdad!, ¿por qué negarlo?: la simple contemplación de la tragedia puede convertir en comedia bufa el más elaborado melodrama. La tragedia, de ahí su consistencia fundadora, arrasa, en la vida real y en la vida literaria, todo lo que tiene alrededor. Sólo personajes de una pasta especial, de esos que gozan del don de transitar entre lo inmenso y lo minúsculo, son capaces de salvar la distancia sideral que media entre la anécdota y la historia. José María Aznar, sin ir más lejos, quien, sin cambiar un solo gesto, proclamaba el otro día que hay que apoyar a Manuel Fraga porque se avecinan malos tiempos. Me hizo recordar lo que de niños nos decían en el cole cuando nos empeñábamos en saltar de mesa en mesa mientras nos explicaban geometría y aritmética: que hacíamos la mona.