ENRIQUE VÁZQUEZ
17 sep 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Los indicios sobre cómo procederá EE UU a un primer asalto contra los terroristas y sus cómplices («no distinguiremos entre los terroristas y sus protectores», dijo Bush) se precisan y confirman las hipótesis manejadas desde el primer momento: un golpe contra Afganistán y en Afganistán. La preposición no es superflua: la falta de garantías de un ataque contra objetivos afganos con misiles de crucero convierte en insuficiente esa fórmula, utilizada por Clinton en su día tras las voladuras de las embajadas en Nairobi y Dar es Saalam. Donald Rumsfeld y Colin Powell lo estimaron inútil y la alerta dada ayer a las fuerzas de elite, comandos, Delta Force y paracaidistas, confirman que se prepara otra cosa. Fuerzas de tierra norteamericanas operarían, pues, dentro de Afganistán con el doble objetivo de desmantelar bases terroristas y, eventualmente, capturar a Bin Laden y acabar con el régimen talibán. Esto último está por completo al alcance de la mano: basta con que la fuerza expedicionaria americana (o aliada, si hay soldados de terceros países) abra el camino hacia Kabul al gobierno legal afgano, la coalición del presidente Rabbani, exiliada.