JOSÉ LUIS ALVITE A MI MANERA
13 sep 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Queda en el rebufo de las noticias el gospell de las ambulancias. Fue un abrir y cerrar de ojos. Vino un avión del nueve largo, cortó la tarta por la cintura y las Torres Gemelas se desplomaron como el sudario vacío de un funambulista, suavemente, casi a lápiz, como el código de barras del aire, igual que si se hubiesen llevado al aserradero las piernas de Fred Astaire. Sólo quedan papeles por el suelo y esa perruna brisa de osario que se levanta en el otoño de las calamidades. Cuando dejó de orballar grafito, ya no estaban para las postales las branquiales torres que eran como nasas esperando el maldito camarón de alpaca pilotado por un tipo con los ojos en los testículos. Fue terrible. Algunos escaparates podrían haber aparecido en un cuarto piso. Daban por televisión un Nueva York distinto, en off, de bruces, con dos rascacielos apaisados y el recuerdo de los buenos tiempos, cuando sobre la ciudad lo más peligroso eran las huevas del aire y los turistas se hacían fotos delante de aquellos rascacielos de tergal. Le faltan luces al dálmata de la madrugada. Y ya nada será lo que era, cuando a la salida del Savoy, Sinatra y yo tomábamos un taxi para cambiar de acera...