EL SENSATO ESTAGIRITA

La Voz

OPINIÓN

JUAN J. MORALEJO ÁLVAREZ

03 sep 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

Felizmente desconectado de calendario, papeles y pantallas, pero enfouzado a tope en Aristóteles y su Política para poner en gallego su sensata cháchara sobre el hombre como animal político, no puedo evitar un pantallazo que viene a insinuar esa falacia de que una imagen vale más que mil palabras y, en cualquier caso, es una útil clase práctica de la teoría que traduzco, pues me trae hasta La Rioja la vera efigie de Fraga, antonomasia del animal político y que enseguida me recuerda lo que me dijo Lavoisier hace algún tiempo: la energía no se crea ni se destruye, sino que se mantiene. Con el Estagirita, que es el farde erudito para nombrar al filósofo, te lo puedes pasar chanchi, piruli, lele, que son los tres grados del goce estético e intelectual, es decir, de cintura para arriba. Te lo pasas tan bien, aunque es un mal escritor, torpón y desmañado, una nulidad al lado de su maestro Platón, cuya pluma nos arranca un ¡Chapeau por los siglos de los siglos! Pero el discípulo mal escritor es sensato, realista, optimista ético e intelectual, mientras que a la finísima pluma del maestro preñado de antojos, idealista y pesimista a tope, le debemos la primera y gordísima piedra de todas las ventoleras totalitarias que en el mundo han sido. Y basta de rollos, pues de Aristóteles quisiera aprovechar algo que él pone como ejemplo incontestable de que el político debe estar sometido a crítica: nos dice que, por mucha cocina que sepa el cocinero, quien está en mejor derecho y posición para calificar el banquete es el que lo come y lo paga. Y Aristóteles todavía pone otro ejemplo que yo quiero proponerles a ustedes para que me demuestren que no es tan incontestable como el del cocinero: cuando un arquitecto hace un edificio, quien está en mejor derecho y posición para calificarlo es el dueño y usuario. Por favor, repásenme conocidos, experiencias, mentalidades, etc. y luego díganme si alguna que otra cosa hecha con cargo al presupuesto público se hubiera hecho tal cual a cuenta de quien tiene mejor cuidado de sus cuartos. No es de este folio ni es educado el dar nombres, pero, si ustedes quieren, les doy solamente apellidos. Y basta de futrosofía, porque me es más amena la vista de la hermosa Peña Jembres, que vigila el valle del Oja y del Tirón; a sus pies una enorme pieza de trigo ya segado en la que son habituales los corzos, bien acostumbrados a que la gente no se meta en berenjenales ilegales con multas que te encienden el pelo. Y si este folio postprandial me pillara con mejor pluma y musa etílica, podría ahora repetirles el cuento aquel en que E. A. Poe, con la mona a cuestas y dando cabezadas, pierde la perspectiva y cree que el moscardón que avanza por el cristal de la ventana es un monstruo que está arrasando el bosque del horizonte. Mi abstemio prosaísmo se reduce a reconocer un díptero molesto y aplicarle un flux-flux que le produce parálisis paralizante con parada cardiorrespiratoria y electroencefalograma plano.