CIUDAD CANALLA

La Voz

OPINIÓN

AURORA SUÁREZ PARADA AL DÍA

30 ago 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

El día en que llegué a Madrid y un tren me escupió en Chamartín, estaba convencida de que Sabina iba a estar esperándome en el andén. Por sus canciones yo supe de la Gran Vía, y de lo extraño que resulta un pato en el Manzanares, y que un piso en Atocha no queda tan cerca del cielo. En cuanto me apeé, descubrí que los rincones de esta ciudad ya eran para mí viejos conocidos. Madrid, aquel Madrid que en tiempos de la Movida vivió la gloria de ser una ciudad con personalidad propia, ese que ahora Manzano y sus ínfulas evangelizadoras han llevado hasta la agonía, ese que queda allá donde se cruzan los caminos, donde el mar no se puede concebir, ese Madrid, tiene una deuda con Joaquín Sabina. Sabina ha sido el Virgilio de esta ciudad. Arrastró por sus rincones su humanismo canalla, rastrero, y convirtió a los borrachos en filósofos y a las prostitutas en musas. Le cantó a cada esquina con su voz de perdedor, esa que todos reconocemos, porque todos llevamos un perdedor dentro. Se inventó un Madrid que ahora le asfixia, por eso ya no sale a la calle. Pero yo aún espero encontrármelo algún día en la parada del autobús. Por eso, Joaquín, no nos des estos sustos, canalla...