OS TEMPOS SON CHEGADOS

La Voz

OPINIÓN

ANTÓN LOSADA

26 ago 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

Los miles de gallegos que aguardaban impacientes tan crucial información para fijar bodas y bautizos saben desde hoy que el 21 de octubre está ocupado. Ya están aquí las elecciones más convocadas de la historia de la democracia. Se terminó la yenka presidencial que ha convertido algo tan trivial como la fecha de unos comicios ordinarios en la noticia que más portadas ha acaparado, tras esa finalización de las autovías que se anuncia cada quince días. Los medios tienden a presentar las elecciones como combates donde los protagonistas son los candidatos y la noticia los puñales que se lanzan. Si se ha preguntado qué le importa a usted si Beiras cuestiona la salud de o noso presidente, éste a su vez afirma que a Blanco le conocen en casa a la hora de comer o Cuiña profetiza el fin de Touriño, la respuesta es sencilla: nada. Si se pregunta por qué se lo cuentan, la respuesta también es sencilla: porque les importa a ellos. Y es que en Galicia resulta bien cierta la descripción de Valéry sobre la política como el arte de evitar que la gente tome parte en los asuntos que realmente le conciernen, y aun más cierto que la información política parece el arte de contarle a la gente hasta el más mínimo detalle de todo cuanto no le importa. Comparto con el economista tejano Anthony Downs la visión de las elecciones como un mercado, donde unos vendedores a quienes llamamos políticos intentan que invirtamos nuestro voto en un producto llamado programa. Es más real y nos devuelve el protagonismo a los votantes. Así quisiera que me las contaran. Vistas así, en vez de trangalladas como el bastón de Fraga o los sombreros de Paco Vázquez, leeríamos información sobre lo que venden. Tres conocidos competidores En nuestro mercado compiten tres marcas bien conocidas. El PP es la más consolidada, conoce al cliente y sabe manejar las ventajas competitivas del poder. Ese es su mayor problema: demasiado tiempo en la cima. Muchos compradores están resabiados y le conocen los trucos. Ni todas las fiestas gastronómicas del mundo podrían maquillar del todo que termina una legislatura mediocre. Las cosas están como hace cuatro años. Ninguno de nuestros sectores productivos ha logrado separar su nombre del apellido «crisis» y seguimos por debajo de las medias española y europea en los indicadores socioeconómicos positivos y por encima en los negativos. De hecho, el producto estrella son unos libros blancos donde nos cuenta todo lo que no ha hecho en estos diez años y ahora hará con urgencia. Una dificultad añadida es que este otoño el Gobierno amigo de Madrid -tradicional gancho estrella- andará más ocupado con ese remake de La escopeta nacional titulado Gescartera que en provocar lluvias billonarias sobre el Miño. El BNG es una marca emergente, pero ya no tanto. Especialmente desde que sus directivos parecen asesorados por simpatizantes populares. Eso explicaría que en lugar de contar su oferta, se concentren en hacerles la campaña planteando empecinadamente debates tan apasionantes para el gallego medio como si los socialistas deben firmar ahora un pacto de sangre o si habrá debate televisivo. La idea-fuerza es que les toca mandar. Para saber qué vende, primero hay que comprar. El PSOE es la única marca que se ha sometido a eso que los profesionales denominan re-estilización. Su nueva imagen busca ansiosamente un nicho de mercado y parece convencido de poder hallarlo en la estratosfera. Se dirige a quien quiera escucharle y a todos les dice que si para cada problema hubiera su correspondiente plan urgente, y entonces se acabarían todos los problemas. Fríamente considerado, es un mercado poco competitivo. Los compradores tenemos poco donde elegir. Pero nunca se sabe. A lo mejor alguno aún se anima a contarnos qué vende. Aún faltan cincuenta días y octubre siempre ha sido un mes históricamente propicio para los cambios de régimen.