LA «TASA TOBIN»

La Voz

OPINIÓN

ENRIQUE CURIEL CRÓNICAS HUSITAS

25 jul 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

Las imágenes de Génova han sacado a algunos del sueño del fin de la historia y han puesto de evidencia de que el siglo XXI puede resultar mucho más conflictivo de lo que los teóricos del pensamiento único y del capitalismo ultraliberal podían esperar. La violencia de una parte de los manifestantes y la desarrollada por la policía de Berlusconi, puede resultar un juego de niños en comparación con los graves conflictos que la confrontación Norte-Sur puede generar en las próximas décadas. No era preciso ser muy sagaz para comprender que el conflicto Este-Oeste, además de otras consecuencias indeseables, servía de cobertura, de sistema de enmascaramiento, para las dos grandes cuestiones pendientes: el reparto de la riqueza en el mundo y la sostenibilidad medioambiental del sistema. Lo ha escrito Romano Prodi hace escasos días: «Nuestra obligación es controlar la globalización, ponerla al servicio del hombre, gobernarla». ¿Cómo? Muchos economistas, sociólogos, expertos en población, han ofrecido en los últimos años propuestas del máximo interés, desatendidas por gobiernos y corporaciones. De entre ellas, emerge la realizada por James Tobin, economista norteamericano y Premio Nobel de Economía en 1981, que la expuso por primera vez en 1972. Sustancialmente, Tobin quiere desalentar «las especulaciones que hacen viaje de ida y vuelta en pocos días u horas», al margen de la economía real y que pueden desestabilizar países pobres y débiles. Se trataría de fijar una pequeña tasa impositiva, se debate entre el 0,1 o el 1 por mil, sobre las transacciones financieras especulativas y, concretamente, las que se realizan en los mercados internacionales de divisas. Se estima que el importe diario de las operaciones que se realizan alcanzan los 2 billones de dólares, lo que supone una cantidad mayor que el PIB francés, situado en 1,4 billones de dólares. La tasa Tobin podría generar cada año unos recursos que podrían alcanzar una cifra de entre 150.000 y 250.000 millones de dólares. Las finalidades de tales recursos son evidentes, entre ellas, atender la deuda externa de los países emergentes para que puedan incorporarse al comercio internacional sin generar desestabilizaciones financieras de gobiernos o del sistema bancario mundial. Es verdad que la tasa Tobin plantea problemas de realización. ¿Quién recauda? ¿quién distribuye? ¿qué mecanismos de control? El argumento contrario más extendido es el de la imposibilidad de conocer las transacciones, que se moverían como lo hace el agua ante un objeto sólido al que supera por los lados. Sin embargo, el 83% del tráfico mundial de divisas se concentra en ocho plazas financieras. Lo mejor es comenzar a caminar cuanto antes en la única dirección posible.