EL OBSERVATORIO DE IBARRETXE

La Voz

OPINIÓN

EL OJO PÚBLICO / Roberto L. Blanco Valdés

14 jul 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

Un suponer: imagine usted, por un momento, que un dirigente democrático llevase al Parlamento que va a investirlo jefe de gobierno la idea de aprobar un manifiesto institucional de comportamiento ético frente a la violencia; o la de crear un observatorio para velar por la defensa de las libertades y derechos. Al oír hablar del tal manifiesto y del tal observatorio pensaría usted, en buena lógica, que, con ellos, el citado dirigente se propone combatir esa ocasional intolerancia religiosa, o esos brotes xenófobos más o menos graves que, para vergüenza general, recorren varios países europeos desde hace algunos años. Cuál no sería su sorpresa, sin embargo, si alguien le aclarara que observatorio y manifiesto forman parte, en realidad, del plan de medidas que aquel jefe de gobierno presenta ¡para hacer frente a la barbarie de una banda terrorista que ha asesinado a varios cientos de personas! Y cual, si le dijeran, además, que un día antes de que tales propuestas fueran formuladas ¡los terroristas asesinaban a un policía y tres después mataban a sangre fría al concejal de un pequeño ayuntamiento de Navarra y a otro policía! De hecho, sólo la realidad tangible de esos crímenes horrendos permite colocar en el lugar que se merece el discurso de investidura presentado por quien es hoy ya lehendakari de los vascos. Pues esos crímenes son desde hace mucho el telón de fondo de su habitual retórica piadosa de la paz y el fin de la violencia, que Ibarretxe repitió el miércoles pasado como parte de la cansina letanía a la que ya nos tiene acostumbrados: la de que ETA es la expresión de un conflicto que sólo el dialogo puede solventar, la de que los vascos deben poder decidir sobre el futuro y la de que esa decisión es la llave de la paz. Únicamente desde la irreductibilidad de esas víctimas del totalitarismo identitario y etnicista a la retórica de la búsqueda del dialogo, la condena de la violencia y la defensa de la paz, es posible juzgar los supuestos cambios del discurso de Ibarretxe, a los que muchos se han agarrado en estos días como quien lo hiciera a un clavo ardiendo. Pues lo cierto es que en sus palabras volvió a faltar, como ha faltado siempre hasta el presente, la declaración nítida y rotunda que es exigible a un jefe de gobierno: la de que pondrá todos los medios que están bajo su mando al servicio del único objetivo que es compatible con la ley y la decencia democrática: el de la lucha contra los criminales y sus cómplices. En lugar de ello, Ibarretxe habla de crear observatorios, mientras los muertos, por desgracia, pueden contemplarse a simple vista. Basta con no cerrar los ojos.