DE SOL A SOL / César Casal González
14 jul 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Le decían «español». Se trataba de un insulto. Iba en el bus y gente (o gentuza) de su propio ayuntamiento le chillaba «español». Leiza tiene 3.000 habitantes. La mayoría vota al partido que tiene las papel-eta-s manchadas de sangre. Ya le habían quemado el negocio y la furgoneta. Al muerto lo vi hablar en el telediario: «Hay que seguir. Ahora somos cuatro. Pero, si ven que no tenemos miedo, pronto el pueblo nos apoyará». Ponía los pelos de punta. Pensé en Galicia. Cuántos concellos tienen 3.000 habitantes. Lugares donde todos se conocen. Como en Leiza. Los que señalaron a este fotógrafo de bodas como víctima eran sus vecinos. Lo peor de sus vecinos. Los mismos que gobiernan en el Ayuntamiento. ¿Quién es más culpable el que coloca la bomba o el que le indica el camino? Hasta ayer creía que lo pequeño era hermoso. ¿Cómo alguien puede ordenar «maten al español de mi vecino» y comprar hoy el pan y los diarios con la hazaña? Me repito: que les den la autodeterminación. No caigamos en la trampa: su independencia no es perder la guerra. Es ganar la batalla final. No más muertos. Lo escribo y le disparan a un ertzaintza en la cabeza. La rec-eta se llama investidura con sangre.