JOSÉ RAMÓN AMOR PAN LÍNEA ABIERTA
11 jul 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Todos tenemos algo de moralistas, aunque sólo toleremos nuestros sermones y no los de los demás. El desarrollo de la ingeniería genética, la crisis ecológica, la globalización económica, el sida y otros tantos retos hacen que caigamos patéticamente en la cuenta de que nos encontramos en el mismo barco y que una Humanidad desasosegada, polarizada y llevada a campos opuestos por los egoísmos de grupo puede hacer que se hunda el barco. Nuestro mundo vive aún en una especie de tribalismo moral, con sistemas de casta e instituciones provincianas. Muchas de las decisiones que se adoptan están marcadas por un malsano complejo de seguridad. No podrán superarse los problemas sin un replanteamiento moral a escala universal: ante la creciente interdependencia, deberíamos ser capaces de quitarnos de encima los viejos paradigmas y buscar mancomunadamente unos valores compartidos por las diferentes tradiciones morales presentes en el planeta. El integrismo, de manera particular el moral religioso, dificulta ese dinamismo y debe ser reputado como gravemente inmoral: las guerras de religión que asolaron Europa en el XVII deberían recordárnoslo. ¿Puede alguien que, llevado por un falso tradicionalismo, reafirma normas morales concebidas en tiempos pasados bajo condiciones históricas ampliamente diferentes, sin tener en cuenta nuevos conocimientos y urgentes necesidades desconocidas antaño, esperar que la reacción sea más juiciosa que su propia acción? Como ocurre con todo lo profundo, no escogemos nuestra ética, sino que es ella quien en buena medida nos escoge. Esto nos hace ver que la propia perspectiva es una más, llamada a integrarse en el diálogo y la colaboración con las demás; y anima al coraje de la libertad, uno de los dones más preciosos que engalana la vida humana. La ética civil es punto de encuentro de las diferentes tradiciones morales, un proyecto para nutrir de dinamismo moral y de sentido a la sociedad plural y democrática. Dentro de ella, la Bioética busca mantener el horizonte ético dentro de las ciencias biomédicas, donde cada vez predominan más las razones instrumentales y desaparecen las preguntas sobre los fines. La Bioética es un proceso de deliberación colectiva, complejo, plural y serio. La deliberación exige considerar hechos, principios y consecuencias, y requiere escucha, comprensión, análisis de los valores implicados, argumentación racional de los cursos de acción posibles y óptimos, aclaración del marco legal, consejo no directivo y ayuda o derivación hacia alguien más competente.