¡QUE VIENE EL LOBO!

La Voz

OPINIÓN

ROBERTO BLANCO VALDÉS EL OJO PÚBLICO

07 jul 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

La primicia era ayer titular en todos los periódicos: «Ibarretxe marca como prioridad de su gobierno lograr el derecho de autodeterminación». Ante tal noticia cabría, claro, reaccionar como lo hemos hecho habitualmente, es decir, situándonos fuera de la lógica de quienes suscitan al asunto, y afirmando, por ejemplo, que los vascos se han autodeterminado ya en todas las elecciones celebradas en Euskadi desde la recuperación de las libertades democráticas; o poniendo de relieve que una propuesta como esa lleva inscrito el germen de la discordia civil entre los vascos. Yo mismo me he cansado de argumentar en esa línea y de impugnar una lógica que encubre lo que se ha planteado una y otra vez como el farol de unos taures. Las manifestaciones de Ibarretxe colocan, sin embargo, la cuestión en otro plano. Ya no es un partido el que, con más o menos claridad, reivindica en su programa tal supuesto derecho colectivo; ni es el Arzalluz de turno, o el Anasagasti de guardia, el que defiende la autodeterminación ante su aguerrida muchachada o ante el atónito periodista de un semanario bonaerense. ¡No!: ahora es el futuro lehendakari el que afirma que la autodeterminación será la prioridad fundamental de su gobierno. Es tal el paso de gigante que supone esa manifestación de voluntad, que la misma nos obliga a entrar en la lógica particular del proponente y a exigirle que aclare con absoluta precisión los perfiles de su oferta. En concreto, y como mínimo: ¿el ejercicio del derecho de autodeterminación debería traducirse en la celebración de un referéndum sobre la secesión del País Vasco?; ¿quién, en caso afirmativo, debería votar en tal consulta?; ¿cuándo debería celebrarse?; ¿podría tener lugar con una banda armada apoyando la secesión con sus pistolas?; ¿qué recomendaría el PNV: el voto a favor de la secesión o el voto en contra?; ¿cuál es el porcentaje mínimo de votos que el lehendakari considera necesario para que la decisión pro-secesión fuera legítima?; ¿qué compromisos de futuro en relación con la autodeterminación asume el PNV si aquella decisión fuera negativa? Sin aclarar todos esos extremos, hablar de la autodeterminación como parte de un programa de gobierno es de una irresponsabilidad intolerable. Una irresponsabilidad que se parece, por lo demás, a la del pastor que anunciaba al lobo en falso una y otra vez. ¡Ya está bien de gritar que viene el lobo! ¿Es que viene de verdad? Pues díganos, señor lehendakari, bien clarito, cómo es el lobo, si viene sólo o en manada, si ha comido o llega hambriento, y, sobre todo, si le echará usted a los perros para defender a sus ovejas o lo sentará a su lado para compartir con él mesa y mantel.