DE SOL A SOL / Carlos G. Reigosa
02 jul 2001 . Actualizado a las 07:00 h.El presidente del Consejo de la Tierra, el canadiense Maurice Strong, conocido como el abogado del planeta, no tiene ninguna duda sobre el futuro aciago que nos espera: «El siglo XXI será el último de nuestra civilización», asegura. «Habrá formas de vida que sobrevivirán -añade-, pero una civilización como la actual es insostenible». Lo dice y lo argumenta por activa y por pasiva, pero no consigue captar la atención que, en condiciones normales, debería seguir a sus sesudas reflexiones y a sus continuos llamamientos. Los políticos de los países ricos, y en particular los de la nueva administración estadounidense, no están para pararse en estas tribulaciones y, con una frivolidad rayana en la insensatez, dirigen la mirada hacia horizontes virtuales más atractivos y lisonjeros. Y, con la orejeras bien sujetas, nos prometen seguridad (sin duda la del escudo antimisiles) y progreso a corto plazo (¿hacia dónde?). «Hemos desarrollado una tecnología capaz de mitigar el daño -dice Strong-, pero nos falta motivación para hacerlo». Es decir, nos falta un sistema de valores morales y éticos con verdadera perspectiva de futuro. Tan políticos nos hemos vuelto todos.