MUY AGUDO / Ernesto S. Pombo
01 jul 2001 . Actualizado a las 07:00 h.El conflicto laboral que mantiene la empresa de transportes de viajeros La Unión alcanza límites bochornosos. Tras cuatro meses de huelga, con un saldo de 300 millones de pesetas en daños materiales e invalorables los no cuantificables, parecía que la intervención del conselleiro Cuiña había servido para poner fin a la disputa. Pero estos acuerdos se deben más al interés por salir en la foto que a otra cosa. El conflicto de La Unión se mantiene. Porque se han incumplido los acuerdos. Porque no se ha respetado lo pactado. Porque no parece existir interés en solucionarlo. O por lo que sea. Pero nos ha servido, también para sembrar la duda y, sobre todo, la preocupación sobre las actuaciones sindicales en nuestro país. Cuatro dirigentes de la CIG fueron detenidos. Algo habitual. Nadie se sorprende por ello. Pero lo inquietante es que, tras la detención, les fuese decomisado todo un arsenal. Dos pistolas de gas, doce bombonas de recarga, cajas de munición de bolas de acero y pasamontañas. Suponíamos que el sindicalismo había alcanzado su mayoría de edad como el resto de la sociedad. Tiempo tuvo para ello. Suponíamos, por lo visto mal, que el diálogo, la negociación y el derecho a huelga, eran las únicas armas que esgrimían los representantes de los trabajadores. Suponíamos también que quienes ostentan esa representación actuaban con responsabilidad. Pero suponíamos mal. Lo cierto es que quienes tienen necesidad de utilizar las pistolas, las carguen con gas o con bolas de acero, y quienes prefieren usar los pasamontañas, no defienden razonablemente las reivindicaciones de los trabajadores a los que representan. La cara se la tapan los ladrones, los atracadores y los asesinos. La legitimidad con que cuentan los sindicalistas les obliga a ir a pecho descubierto, con la única munición de sus argumentos razonables. Los trabajadores de La Unión y todos los usuarios de los servicios de la empresa, tienen que exigir con rotundidad y urgencia la finalización del conflicto. Que no prevalezcan las posturas de fuerza y los intereses personales. Pero tienen también que desterrar a los que no saben representarlos si no es amparados por las pistolas, por mucho que sean de gas o de bolas de acero, y los pasamontañas. Los que utilizan estos métodos no tienen cabida en ninguna negociación. Están descalificados de por vida. Porque los pasamontañas y las pistolas son armas de delincuentes. Y no se puede confundir a un sindicalista con un delincuente.