¿TODOS GALLEGOS? BIEN, VEAMOS

La Voz

OPINIÓN

EL OJO PÚBLICO / Roberto L. Blanco Valdés

30 jun 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

«Todos somos un poco gallegos». Eso decía hace dos días Felipe González en Madrid, preanunciando, de forma probablemente subconsciente, el lema que podría servir para justificar el desembarco de líderes políticos de todos los colores que se producirá en el fogar de Breogán en las semanas que quedan aun hasta que en octubre se celebren las elecciones autonómicas. ¿Todos gallegos? Sin duda, pero no tanto como para que, eventualmente, los intereses de los gallegos, digamos de exclusiva, coincidan siempre, al cien por cien, con los de los gallegos que lo son a tiempo parcial únicamente. Pongamos el propio caso del PSOE. Su principal interés, legítimo sin duda, es derrotar en Galicia al Partido Popular a cualquier precio, incluso al de entregar la presidencia de la Xunta al BNG. Una derrota del PP en el más tradicional de sus feudos españoles supondría para el PSOE, desde la perspectiva de la política española, una victoria tan trascendental, que la concreta dimensión gallega de la misma quedaría oscurecida para los dirigentes socialistas. Y lo cierto es, sin embargo, que una victoria producida en los términos que acabo de apuntar podría resultar para el PSdeG una derrota irreversible, verdadero punto de partida de su desaparición como proyecto de gobierno alternativo al del PP. Tampoco en el caso de este último está claro que los intereses de Génova coincidan plenamente con los de sus correligionarios de Galicia. Los populares de Génova y Raxoi persiguen, ¿cómo no?, una barrida electoral que deje turulatos al BNG y al PSdeG y en esto, obviamente, no hay diferencias entre ellos. Eso es tan cierto, como lo es que el interés de los dirigentes nacionales del PP en no sufrir un revés en Galicia, la región más emblemática para la derecha hoy gobernante, les ha forzado a frenar cualquier intento de buscar a Manuel Fraga un sustituto que pudiera dar una salida razonable a lo que pronto acabará por plantearse como un drama político y humano: el de la sucesión de un presidente. ¿Y qué decir del BNG y de quienes -el PNV y Convergencia- vendrán a socorrerlo? Es muy sencillo: que los socorristas acudirán raudos a Galicia a ayudar a mantenerse en pie al nacionalismo -lo que les beneficiará como grupo de presión- y a debilitar a los partidos estatales, lo que les permitirá luego exigir un aumento en su parte de la tarta que tenderá indefectiblemente a reducir la de Galicia. Lleva usted razón: ¡con aliados como estos, los adversarios resultan completamente innecesarios! ¿Todos gallegos, por lo tanto? Pues mire Don Felipe: todos sí, pero, en elecciones, uns, un pouquiniño mais que os outros.