LA VOZ DEL FANDANGO ENMUDECE

La Voz

OPINIÓN

OBITUARIO MANUEL SOTO MONJE «EL SORDERA» (1927-2001)

25 jun 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

Manuel Soto Monje El Sordera debía su apodo al defecto de su abuelo, pero él fue un virtuoso del sonido y del cante. Este jerezano, nacido en 1927, murió el domingo en su tierra y con él se enterró el quejumbroso eco de su voz gitana. Garganta rancia, astillada y crujía con la que firmó como pocos los fandangos, las bulerías, soleares y seguiriyas de su tierra natal. Tenía una manera de recitar en hondo sentidísima y clamante y supo depurar una herencia flamenca que acompasaba con su propia trayectoria vital angustiosa y sobresaltada. La voz le salía a borbotones en la búsqueda de la esencia y, tras una larga enfermedad, salió a buscar a otros mitos, a otros hermanos de religión. Manuel Soto Monje fue enterrado en el cementerio jerezano Nuestra Señora de la Merced después de un funeral en la Iglesia de Santiago que congregó a los máximos baulartes del arte flamenco. Era descendiente de cantaores como Paco La Luz, La Sorderita y José Paula, y creó también su familia para que no decayera la estirpe. A él le han seguido sus hijos Vicente, Enrique, José y su sobrino José Mercé. En su adolescencia y primera juventud fue obrero en el campo, y de niño se metía a escuchar a los mayores en las reuniones de cante. Era feliz cuando le mandaban a buscar tabaco porque así aprendía. No fue hasta después del servicio militar cuando se dedicó íntegramente al cante. Así se inició profesionalmente en el café Plata y Oro de su ciudad, alternando con otros hijos de Jerez, para acudir posteriormente a reuniones y fiestas íntimas en donde se fue dando a conocer para pasar en 1953 al tablao sevillano de El Guajiro. Con los elencos de María Rosa y Manuela Vargas recorrió países de Europa, América y Asia y a su vuelta dio los primeros pasos en las grabaciones discográficas, trabajando en tablaos madrileños como El Duende, Los Canasteros y Las Brujas. Dominador de toda la gama de estilos jerezanos, destacó sobremanera en el fandango. En 1983 ganó el premio nacional de cante de la Cátedra de Flamencología y en 1994, el Calle de Alcalá.