REHÉN DE SU CARGO

La Voz

OPINIÓN

EL PERSONAJE GEORGE W. BUSH

10 jun 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

¿Es George W. Bush un personaje de carne y hueso o aprovechó la coyuntura de La rosa púrpura del Cairo para escaparse de una pantalla de cine? Ahora que se cuestiona la llegada del hombre a la Luna se podría analizar en serio si el presidente de los Estados Unidos de América es real. Hay un puñado de argumentos en su contra -en campaña confundió a los talibanes con un grupo de música, trató de ocultar que le iban los tragos-, pero también los hay en su favor -papá Bush le puso un trifásico para librarse de la guerra de Vietnam y durante su etapa como gobernador el estado de Texas batió el récord en número de ejecuciones-. Bush da el perfil de actor que interpreta a un presidente: es campechano, ocurrente, cae simpático porque está en la media del saber, y presume de disfrutar en compañía de su esposa y de sus hijas, a una de las cuales la acaban de pillar en un renuncio en el tema frasco. Con su currrículum personal bien podría protagonizar anuncios de Heinz-ketchup, pero el hijo de su padre tiró por la calle del medio del mundo empresarial -hizo fortuna en petrodólares- y del político, continuando la saga familiar que arranca con Franklin Pierce en un ya lejano 1853. Metodista, graduado en Yale -contra lo que muchos puedan pensar- y con una edad en la que muy pocas personas suelen dar un giro a su vida -53 años-, Bush se ha aplicado para llegar al poder. Ahora sabe que los talibanes son malos con sus estatuas y con sus mujeres. Mañana, Bush se hará la foto con Aznar en Madrid. La cosa parece no gustar aquí en España. Porque George W. ha rechazado el pacto de Kioto contra el calentamiento global del planeta, porque parece tener nostalgia de la Guerra Fría, porque defiende de puño y letra la pena de muerte. ¿Es Bush culpable de sus pecados? Es más bien rehén de sus lógicas aspiraciones: se limita a cumplir con los deseos de las multinacionales, con los sentimientos de parte de su pueblo. Y es un ejemplo para la sociedad: cualquiera, por torpe que sea, puede alcanzar la gloria.