PABLO GONZÁLEZ MARIÑAS AL DÍA
06 jun 2001 . Actualizado a las 07:00 h.El humo del tabaco parece concentrar todos los males de este mundo. Sabíamos que daña la salud, pero desconocíamos que hiciese lo mismo con la economía del país. Más bien intuíamos todo lo contrario. Pero la ministra del ramo ha propuesto a Europa que los gastos en tabaco no computen en el IPC. Al parecer, hinchando con veneno los pulmones, hacemos lo propio con el nivel de precios al consumo, y hasta ahí podíamos llegar. En realidad, lo del IPC es un misterio. Estábamos acostumbrados a que fuesen la subidas de la patata temprana o de la carne de conejo las culpables de su hinchazón. Pero lo del humo del tabaco es nuevo. No lo es, en cambio, la furia ministerial contra los fumadores. En 1920, al ministro Allendesalazar se le hincharon las narices y utilizó un arma directa contra nuestros abuelos, el desabastecimiento. Wenceslao Fernández Flórez le recordaría irónicamente en un delicioso artículo que, con el absentismo laboral provocado por las colas al pie de los estancos, estaba hundiendo la economía. Lo de Celia es más aséptico: fumen, fumen ustedes lo que quieran, pero, eso sí, no me hinchen el IPC.