ALFONSO DE LA VEGA
02 may 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Tal día como hoy, 3 de mayo, según el calendario actual, 23 de abril atendiendo al inglés de la época, murió el actor, el hombre de teatro de abigarrada vida, el bardo de Avon, William Shakspere. Lo que según los baconianos ya no está tan claro es que ese día muriera el verdadero autor de la ingente obra conocida con la firma de Shakespeare. En efecto, en el mundo anglosajón existe una antigua controversia, que incluso habría dado lugar a alguna sentencia en EE UU, acerca de la verdadera identidad del genio. Algunos estudiosos de su obra, criptógrafos, mitólogos, etc, buscando acrósticos y falsas erratas, analizando como criptogramas las ilustraciones de las obras de ambos autores, o investigando la existencia de un lenguaje cifrado secreto, en el que se desvelaría su verdadera autoría, afirman que la obra atribuida a Shakspere, en realidad se debe al gran filósofo Sir Francis Bacon. Más allá del interés personal, que puede resultar a estas alturas mera anécdota, la cuestión de fondo es si en el legado de su obra puede encontrarse un saber iniciático tradicional, conscientemente velado para evitar su desaparición, o por el contrario, si sólo se trata de casualidades propias de un ingenio lego. La vida y rasgos de la personalidad de William Shakspere con aspectos tales como su nulo interés por el estudio, la carencia de biblioteca, la despreocupación por la educación de su hija, que a los veintisiete años no sabía escribir ni su propio nombre, etc., parecen indicar una discrepancia insalvable con la erudición, sensibilidad, profundidad metafísica o el conocimiento de la metapsíquica o universo parapsicológico, que revelan las obras firmadas con el nombre de Shakespeare. La verdad es que tras el renacimiento italiano, y utilizando obras como el tratado sobre Criptografía de Juan Bautista Porta, es posible rastrear en toda Europa y en las más variadas manifestaciones artísticas, toda una serie de lenguajes enigmáticos ligados al conocimiento neoplatónico, hermético, alquímico, místico, etc. La vida de sir Francis Bacon es también un puro enigma. Probable hijo secreto de la reina Isabel, fue adoptado por Nicolás Bacon, descendiente de la rama inglesa del último gran maestre del Temple. Se cree que, junto a su fama de renovador del método científico, participó de modo muy activo en los movimientos iniciáticos de su época, y en especial en el de la Rosa-Cruz, cuyos ideales reformistas acerca de la Sociedad, la Política y el Conocimiento, además de en la obra que podía publicar con su propio nombre dada su condición de aristócrata, habría escondido en sus piezas teatrales, al modo de representaciones iniciáticas, grabándolos profundamente en la conciencia del espectador a través de las emociones que despiertan, y tras la máscara de William Shakspere.