MANUEL ALCÁNTARA
19 abr 2001 . Actualizado a las 07:00 h.La Reserva Federal ha sorprendido a la afición con una rebaja de tipos de medio punto para atajar la crisis y aquí nos hemos puesto contentísimos. Los Estados Unidos son nuestro mando a distancia. El dinero es apátrida y la euforia se ha transmitido en cadena a las Bolsas europeas, que se apuntaron grandes ganancias. Lo que los expertos llaman racha alcista se hizo presente en Francfort y en París y llegó incluso a la Bolsa de Madrid. Siempre he sospechado que quienes mandan en el mundo son unos señores calvos, atrincherados en sus despachos de Wall Street, a los que nadie les ha hecho jamás una entrevista y nunca se han dejado retratar. En opinión de Carlyle, la economía es una ciencia deprimente, pero el caso es que siempre deprime a los mismos. Aquí, lo que los analistas denominan «ralentización», que no es que se avance poco, sino que se va para atrás, tenía asustada a mucha gente. Para dar ánimos, el ministro de Trabajo, Juan Carlos Aparicio, dijo que confiaba en que los despidos masivos anunciados por algunas multinacionales ante el descenso de su productividad, no se trasladaran a España. No nos lo creímos, ya que España no es la ínsula ibérica, pero siempre tranquiliza oír que los recortes de plantilla sólo afectan a otros países, o sea a prójimos lejanos o no tan próximos como para que susciten lástima. Tenemos mucho miedo a que nos digan adiós y nos pille sin pañuelo para despedirnos. La ecuménica Philips ha puesto de patitas en la calle y con los brazos cruzados a 7.000 personas, pero tenemos la esperanza de que esa práctica no afecte a los tres centros de producción que la empresa tiene en Cataluña. Castigo o bendición El trabajo, que antes era un castigo, es ahora una bendición, lo que ocurre es que nadie sabe de quién. Ha dividido a la sociedad en dos grandes grupos: los que no lo tienen y los que temen perderlo. Así como las dos palabras más hermosas del idioma son «es benigno», según observación de Woody Allen, las tres más horribles son «queda usted despedido».