CARLOS GARCÍA BAYÓN MERIDIANO DE ACTUALIDAD
07 abr 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Las estadísticas con frecuencia son viles e iconoclastas. Ahora han dejado caer que el español sólo cumple al año noventa coitos. ¡Diola! ¿Sólo noventa coitos? ¿Eran así de espartanos los numantinos, los que descubrieron y ganaron América que como dice Nicasio Pajares en El conquistador de los trópicos fornicaban hasta con las monas en los cocoteros? ¿Y así los soldados de Lepanto, y Daóiz y Velarde? Contaba Ortega que la decadencia definitiva de Roma comienza cuando el gesto labriego desaparece de las fisonomías senatoriales. ¿Cuándo y por qué desapareció el macho ibérico? Aun recuerdo aquel Juan Manuel Montenegro, ancestro de Valle-Inclán, que cuando salía a las corredoiras su madre mandaba sonar las campanas para que huyesen las doncellas. ¿Y qué fueron los Andrade sino portadores de un semen desbordante y germinal? ¿Con qué fórmula remediaremos esta decadencia racial? ¿Lamentándonos filosóficamente como Spengler? ¿Reciclándonos con cursillos en el pazo de Mariñán? ¿Declarándonos catástrofe nacional y que los presupuestos del Estado traigan glándulas de chimpancé y nos las injerten como hizo el doctor Voronoff? Yo puedo aportar un remedio sencillo: el agua vital que Madame Montespán administraba a Luis XIV para mantener viva su libido y agresivos y fértiles sus esparmatozoides. Así como también sus meninges, pues todo coito comienza en el cerebro. El brebaje se lo adobaba la maga Voisin con polvos de feto seco, esperma de cabrón, sangre de murciélago, criadillas de toro... El rey salía de la tisana como el homo de Neandertal, brincando y mugiendo. ¿Probamos?