PEDRO ALTARES
04 abr 2001 . Actualizado a las 07:00 h.No ha sido una sorpresa pero ni probablemente el propio Pujol sabía exactamente cuando iba a anunciar su renuncia a presentarse como candidato a la Generalitat de Cataluña en las próximas elecciones autonómicas. Queda sin embargo abierta la posibilidad de que no sea Artur Mas quién le suceda en ese puesto. La anunciada fusión de Convergencia con Unió no se presenta fácil y es obvio que Duran Lleida va a jugar sus cartas a fondo. En cualquier caso y dado que Pujol, según sus palabras, no va a retirarse de la política, el futuro partido que tome el relevo de la actual coalición, CiU, ensayará un modelo de «tricefalia» inédito en el panorama político español. Mientras, Pujol ha dado una vez más pruebas de su enorme olfato político. Sabe, que tarde o temprano, el poder y los hiperliderazgos terminan inexorablemente desgastando a quiénes lo ejercen. No hay duda que tomó nota de que en las últimas elecciones catalanes su opositor, Pasqual Maragall, sacó en las urnas más votos populares. Y que Convergencia necesitaba un relevo generacional y la renovación de su proyecto político, hoy en parte agotado y en parte prisionero, dada su escuálida mayoría en el Parlament, del PP, Pujol era, y todavía es, el último de los políticos de la transición en la que tuvo un papel básico. Queda Fraga, pero éste procede el franquismo mientras que los orígenes de Pujol son inequívocamente democráticos. Encarcelado por Franco, Pujol emergió a la vida pública desde la oposición democrática. Sus casi dos décadas del frente de la Generalitat merecen respeto tanto como gobernante de Cataluña como por un pragmatismo que no conoce ideología. De hecho, ayudó a gobernar España, sin querer participar nunca de manera directa en el Consejo de Ministros, a la UCD, a los socialistas y al PP. No es tiempo todavía de hacer balance de su gestión y de su figura en la que hay, como siempre en política, luces y sombras. Su nacionalismo ha sido, y es, ambiguo y ha utilizado con frecuencia el doble lenguaje dentro o fuera de Cataluña. Contradictoriamente, ha hecho de esta nacionalidad uno de los países más prósperos y equilibrados de Europa y al tiempo, su ensimismamiento nacionalista la ha alejado del papel de liderazgo de modernidad y cosmopolitismo que ejerció en España durante los año 70 y 60. Lo que no puede discutir nadie es que Pujol es uno de los grandes políticos que ha dado Cataluña y España. Lo que sucede es que los políticos, todos, se pasan con tiempo. Pujol lo sabe.