FEDERICO ABASCAL
24 mar 2001 . Actualizado a las 06:00 h.ETA parece inasequible al desaliento, como los fascistas españoles de los años 30, pero sabe que el aliento del Estado de derecho es más inasequible todavía, por la legitimidad moral que lo respalda. Posiblemente el asesinato del teniente de alcalde de Lasarte, Froilán Elespe, haya marcado el punto sin retorno del nacionalismo a la estrategia de Estella. Todos los sondeos tienen algo de fiable, y si los últimos realizados en el País Vasco no anticipan claramente los datos aritméticos del 13 de mayo, al menos revelan la dimensión del miedo social a confesar intenciones de voto muy determinadas. Debe añadirse que si el miedo al terrorismo sanguinario es obvio, también resultan obvios, a la luz de los sondeos, los miedos derivados del miedo-madre, que es al disparo en la nuca o a la mirada aviesa de algunos transeúntes. Un miedo derivado, en cierto modo reflejo, sería el de votar al PNV o a otras siglas del nacionalismo, democrático o filoetarra, por si un futuro gobierno constitucionalista en Vitoria inflamase aún más la crueldad terrorista. En cualquier caso, tal vez sea hora de poner el 13-M las cartas boca arriba, al menos para que ETA no siga marcando la agenda sociopolítica del País Vasco. Personas tan diferenciadas como Atutxa descartan una nueva alianza con EH, y eso llevaría al PNV a la oposición. Para seguir en el gobierno, sumando a su insuficiencia parlamentaria la del PSE-PSOE, debería ofrecer garantías tan sólidas sobre su decisión de plantear a ETA una batalla decisiva, que o aplaza sus pretensiones soberanistas hasta la erradicación de la banda o las conduce por las vías estatutarias. El peligro de un enfrentamiento social, reconocido por el propio Atutxa, exige una rectificación del partido que, por llevar dos décadas gobernando, tiene la mayor responsabilidad en el deterioro social del País Vasco. Si persistiera en sus criterios de lenidad policial ante la kale borroka y no se sumase a una acción concertada y eficaz, contra ETA, el PNV difícilmente encontraría argumentos para mirarse en el espejo de una sociedad a la que habría llevado al borde del enfrentamiento. En esas circunstancias, un gobierno constitucionalista sería muy deseable, ya que es posible.