CARLOS FERNÁNDEZ
12 mar 2001 . Actualizado a las 06:00 h.José Calvo Sotelo pronunció en las Cortes de 1936 una frase que pronto se hizo histórica: «Prefiero una España roja a una España rota». Resumía el temor de la derecha a la «desmembración de la Patria», catástrofe, por lo visto, apocalíptica. Sin embargo, a poco que se estudie la historia de Europa se verá que sus fronteras, dentro de los estados y con sus respectivas nacionalidades, no son eternas, como decía Franco que lo eran los principios del Movimiento Nacional. La Europa de la segunda mitad del siglo XIX es distinta a la que salió de la Primera Guerra Mundial, o de la que surgió a finales de los 80, con las divisiones de Yugoeslavia y la URSS. La Constitución española tiene mecanismos para introducir en su articulado la celebración de un referéndum sobre la autodeterminación en Euskadi y Navarra. ¿Qué ocurriría si se celebrase? Pues, según el resultado de los últimos sondeos, podría alcanzarse poco más del 50% de votos nacionalistas en Vizcaya y Guipúzcoa, menos de ese porcentaje en Alava y mucho menos en Navarra. Aún así, si triunfara la opción autodeterminadora, quedaría un miniestado vasco de difícil futuro. Una Euskadi radical en el idioma, donde el español sería proscrito; radical en la convivencia, donde los violentos tomarían la calle (más todavía que hoy); sin materias primas para su sobrevivencia diaria, teniendo que importar todo o casi todo, empezando por la energía eléctrica; con una clase empresarial atemorizada y conflictividad laboral extrema; con una necesidad recaudatoria perenne; con un previsible éxodo de población; con los terroristas salidos de las cárceles y convertidos en ídolos populares. Pero, por muy desastroso que esto resulte, se podría celebrar ese referéndum sobre la autodeterminación para quitar a los violentos su gran argumento. Es una pena que en estos tiempos, cuando la supranacionalidad pasa de idea a realidad, un país quiera separarse del resto del Estado; pero más pena es que si quiere hacerlo se le impida. Seguir con la dinámica actual nunca va a curar la enfermedad, aunque el paciente experimente mejorías transitorias.