SUBVENCIONES BICÉFALAS

La Voz

OPINIÓN

XAQUÍN ÁLVAREZ CORBACHO

06 mar 2001 . Actualizado a las 06:00 h.

¿Pueden las subvenciones atrofiar la democracia de un país? ¿Pueden generar efectos perversos significativos? Y si es así, ¿cómo evitarlo? Porque las subvenciones son, en principio, un instrumento de política económica utilizado habitualmente para favorecer la eficiencia (incentivando determinados proyectos y comportamientos productivos) y también la equidad (permitiendo o facilitando que personas menos favorecidas accedan a los servicios públicos). Además, las subvenciones están reguladas por ley y deben otorgarse bajo los principios de publicidad, concurrencia y objetividad. Pero eso es teoría. Lamentablemente, la realidad muestra como quiebran en exceso los principios y objetivos mencionados, como abunda la arbitrariedad y cuanta indiferencia impregna al proceso subvencionador. El peligro es evidente. Si no existen garantías robustas y alertas ciudadanas, las subvenciones son siempre una tentación poderosa para todos los gobernantes. Porque las utilizan para reproducirse en el poder, para generar clientelas, para desarrollar objetivos partidarios, para favorecer a amigos, para conseguir medallas o ser nombrados hijos adoptivos, para intercambiar favores, para... mil cosas más. Los procedimientos y triquiñuelas empleadas para cubrir apariencias jurídicas y otorgar discrecionalidad a la subvención son diversos, siendo los más utilizados las bases reguladoras ad hoc y el convenio desnaturalizado. Por eso lo relevante es fortalecer las garantías democráticas que eviten las tentaciones del gobernante. El problema no es el político de turno que utiliza en su provecho lagunas o debilidades normativas, sino el carecer de un sistema sancionador efectivo que disuada los malos pensamientos. Las subvenciones tienen, pues, un lado positivo y otro negativo para la democracia. Pueden desarrollar y hacer más justa una sociedad o pueden alimentar también valores negativos que la deteriora. Pueden ayudar a percibir mejor la realidad o pueden introducir abundante confusión. Debemos ser conscientes de ello. Evitando la picaresca presupuestaria y desarrollando la cultura fiscal (los impuestos no están pensados para atender ciertos menesteres). Denunciando la arbitrariedad subvencionadora y haciendo cada vez más transparente el funcionamiento de las administraciones públicas. Construyendo una sociedad civil fuerte y alertando a los distraídos. Que son muchos.