CORINA PORRO
03 mar 2001 . Actualizado a las 06:00 h.Para hacer una breve reflexión sobre el papel que desempeñamos las mujeres en la sociedad de hoy debemos recordar el compromiso de Concepción Arenal. Trabajó por la igualdad, aportó sus ideales para transformar una sociedad excluyente para las mujeres, reclamó la presencia de la mujer en todos los escenarios de la vida pública y privada y defendió la participación de todas en los procesos educativos y de conocimiento como fuente de progreso. Sus aportaciones son sobradamente conocidas, pero hay algo que particularmente me sirve de estímulo diario: su constante trabajo por conocer las causas y tipologías de la pobreza. En su libro El pauperismo propone medidas para su alivio y posible solución, aborda de una forma pionera la multidimensionalidad de la pobreza, aportando reflexiones en estas múltiples facetas y considerando la desigualdad social y política como un eje fundamental sobre el que gira el fenómeno de la exclusión para las mujeres. Sus conceptos tan vanguardistas siguen vigentes. Las mujeres siguen engrosando las mayores listas de desempleo, de exclusión social (el 69% de los perceptores de la Risga son mujeres) y laboral. Las mujeres disponemos actualmente de un marco igualitario, de la plena equiparación de derechos civiles en el ordenamiento jurídico. Sin embargo, es necesario pasar de la igualdad de oportunidades a la igualdad de resultados. Aunque en estos últimos años la situación ha cambiado positivamente, las mujeres estamos viviendo una situación doblemente compleja: por un lado, seguimos desarrollando, mayoritariamente, la responsabilidad de mantener una estructura familiar que posibilite el cuidado y educación de los hijos, y por otro, tenemos todo el derecho a la realización socioprofesional. Por ello, tenemos derecho a disponer de nuestro propio tiempo, a compartir la responsabilidad doméstica, a disponer del apoyo necesario para vivir dignamente y a ser protagonistas de nuestras propias historias. Cuando esto no se cumple, nos encontramos con un colectivo vulnerable y que presenta uno de los mayores índices de exclusión y pobreza que nos permite afirmar que la pobreza tiene género.