JOSÉ ANTONIO PONTE FAR
05 feb 2001 . Actualizado a las 06:00 h.Lo primero que quise saber del camionero que encalló en el faro de Cedeira fue su nombre. Temía que fuese el mismo que, un año antes, había confundido Cedeira con Cerdeira y acabó atascándose en una curva a la entrada del pueblo. Pero no, se trataba de otro, aunque coincidían algunos detalles: un camión interminable, el desconocimiento absoluto del medio y lo catastrófico de la señalización de las carreteras gallegas. Lo de las vías de comunicación es ya la cruz de nuestra realidad colectiva. Si el viaje concluido erróneamente en Cerdeira me había parecido un tema excelente para un buen relato, el de ahora, al faro de Cedeira, me parece aún mejor. Es verdad que no tenemos al personaje aquel del paisano que había sido emigrante y que, por fin, pudo demostrar a sus vecinos que sabía hablar alemán. Pero, en cambio, en este caso contamos con otros ingredientes de gran rendimiento literario. Por ejemplo, un personaje femenino espléndido: la farera, con desparpajo ante la prensa, y solidaria en la desolación del camionero. Y se podría ahondar en lo de un posible conflicto en el escalafón oficial del santoral, que siempre tiene interés sociológico. A San Sebastián En esta línea, habría que explicar muy por lo menudo cómo alguien de Cedeira puede enviar hacia San Antonio do Corveiro a un forastero que pregunta -con mala pronunciación, es cierto- cómo se va a San Sebastián. Si no entendió bien, el paisano en cuestión debería haberlo encaminado hacia San Andrés de Teixido, ¿no?, el santo con más credenciales fuera de la comarca. Es que, con informaciones así, se despista cualquiera... Y el relato se prestaría, mucho mejor que el otro, para darle un sesgo reivindicativo, que nunca viene mal. Primero, exigiendo que Cedeira esté bien señalizada en los mapas europeos, así como que se detalle bien por dónde se va desde allí a San Sebastián. Segundo, el autor de este supuesto relato debería reclamar con firmeza el trazado natural y lógico de la Transcantábrica, que, si no se remedia, acabará llamándose, en su recorrido gallego, Transvillálbica. Decididamente, debería insistir en el trazado costero de esta vía. Los trailers alemanes lo demandan. Ya que no escuchan a los representantes políticos de los ayuntamientos de las comarcas afectadas, a ver si le hacen caso a los bocinazos de los camiones alemanes. Porque, en definitiva, lo que pretendía Mandy -así se llama el camionero- era simplemente ir hasta San Sebastián por la costa, por una carretera civilizada. Creyó que ya era una realidad. Desinformado Con su equivocación, además de demostrarnos su pericia como conductor, también nos dejó claro que era un hombre muy desinformado acerca de nuestra forma de hacer las cosas. Desconocía, claro, que por aquí cambiamos el trazado de las autovías con gran facilidad; que no respetamos la lógica del nombre que le damos; que está aún por ver si la hacemos, y, lo que ya no hay manera de saber, es en cuántos años.