ETA, CONTRA TODOS ROBERTO L. BLANCO VALDÉS, catedrático de Derecho Constitucional
27 ene 2001 . Actualizado a las 06:00 h.Como usted, o como usted, lo he coreado muchas veces: «ETA no, vascos sí». En concentraciones, en manifestaciones o en actos de solidaridad de manos blancas, el sentido del grito resulta siempre coincidente: el de expresar que los vascos han sido y son las principales víctimas de ETA y que los execrables atentados de la banda criminal no pueden imputarse a los vascos, sino a ETA, única y entera responsable del dolor inconmensurable que este país lleva sufriendo por su culpa desde hace más de treinta años. Sí, como usted, y como usted, yo también he voceado una y otra vez «ETA no, vascos sí», aunque he de reconocerles que llevo ya mucho haciéndolo con una crecientemente escasa convicción. Pues aunque ETA es, sin ningún género de dudas, la única culpable del horror del terrorismo, lo cierto es que ese horror ha podido mantenerse durante todos estos años porque hay vascos, muchos vascos, que han apoyado y apoyan a ETA de una u otra forma. Pueden creerme que lo escribo con dolor, pero, como en los versos de Quevedo, «pues amarga la verdad, quiero echarla de la boca»: ETA ha podido mantenerse, en primer lugar, porque hay vascos que han ayudado a sus comandos, suministrándoles fuentes financieras, dándoles cobertura física y logística, y facilitando su reconstrucción a medida que sus miembros iban siendo detenidos. Pero ETA ha podido mantenerse, también sin ninguna duda, porque ha habido vascos que han dado cobertura política a su discurso demenciado, y vascos que han permitido, por ejemplo, que el sistema educativo haya venido transmitiendo una visión de su país que ha funcionado como un combustible imprescindible para la reproducción de la banda terrorista. Hay vascos, unos pocos, que son de todo eso directamente responsables, por acción, pero hay vascos, mucho más, que lo son por omisión, por no haber dejado de votar a los primeros. Decir que todos esos vascos son responsables de los crímenes de ETA es una burda e intolerable falsedad. Tanto como afirmar que su responsabilidad en la catástrofe actual es la misma que la de los vascos que la han combatido con su voto y que han pagado con su vida, su integridad física o sus bienes el derecho a rebelarse contra ella. Gritar «ETA no, vascos sí», es muy reconfortante. Pero para ser justos con los vascos, con todos ellos, habría que gritar probablemente «ETA no, vascos... depende».