ENRIQUE CURIEL
23 ene 2001 . Actualizado a las 06:00 h.Ayer entró en vigor la nueva Ley de Extranjería, sobre cuya aplicación el propio Gobierno tiene muchas dudas después de clamar contra el pretendido efecto llamada que generaba la anterior ley. Hace meses que ya no se habla del dichoso efecto, simplemente porque no existe. Lo que es real, la causa profunda de todos los movimientos migratorios, aquí en Europa, en California o en Tejas, no es otra que la profunda sima que separa cada vez con mayor intensidad a los países ricos y desarrollados de todos aquellos que sufren el empobrecimiento progresivo, la explosión demográfica y la falta de control sobre sus recursos nacionales. Una relación de intercambio desigual y el proteccionismo comercial de nuestras sociedades ha condenado a más de la mitad del planeta a exportar miseria y mano de obra barata de los que pretenden subsistir. Solamente es preciso aproximarse a la realidad de países como Ecuador, El Salvador, Colombia, Perú, Bolivia y Argentina, en América Latina, o a las condiciones de Marruecos, Argelia o África subsahariana, para comprender que asistimos al comienzo de una era de fuertes migraciones hacia los países desarrollados que es preciso afrontar con inteligencia si no queremos provocar un choque cultural como el referido por el profesor Samuel P. Huntington. Durante muchos años hablamos de potenciar las inversiones económicas y el desarrollo de tales áreas para fijar a la población. Pero no se hizo. Ahora ya es tarde. Y no se pueden abrir las fronteras. Es inevitable ordenar los flujos de inmigrantes pero también es necesario evitar unos focos de exclusión social fomentando de facto la ilegalidad de unos ciudadanos que ya están aquí, casi doscientos mil, a los que la nueva ley no les reconoce derechos básicos como son los de reunión, asociación, manifestación, sindicación y huelga ¿Cómo defienden sus derechos contra los que se aprovechan de su condición para establecer unas condiciones de trabajo y vida intolerables? No podemos aceptar ser más competitivos sobre la base de recuperar lo peor del capitalismo manchesteriano, hoy desaparecido. Sabemos varias cosas: el proceso migratorio se intensificará, requiere un respuesta europea, no vienen a robarnos nuestro trabajo, son personas dignas y sujetos de derechos fundamentales inalienables, requieren integración social y respeto cultural. Falta por saber si España se comportará con igual dignidad.