XOSÉ LUÍS BARREIRO RIVAS
18 ene 2001 . Actualizado a las 06:00 h.Paco Vázquez y Emilio Pérez Touriño son gallegos, socialistas e inteligentes; con amplia experiencia en la gestión pública y en la vida de partido, y poseedores de esa justa edad que los hace jóvenes para los viejos y maduros para los jóvenes. Y por eso tienen una enorme responsabilidad en la definición del futuro de este país, y en el allanamiento del camino que puede llevar al poder a Rodríguez Zapatero. Por separado, haciendo política menor y diciendo simplezas para sus respectivas parroquias, los dos están condenados al hoyo. Pero juntos, y restaurando el necesario discurso de una alternativa creíble, los dos están llamados a hacer grandes cosas y a devolvernos a los gallegos algo que, de momento, no tenemos: la posibilidad de que esta Tierra sea gobernada de forma distinta a como lo está siendo. Para ser sinceros, y hablando con el respeto y cariño que él sabe que le tengo, creo que el que más se equivoca es Paco Vázquez. Porque, hablando de política autonómica, ni come ni deja comer, y porque olvida que, más allá de su éxito en la gestión municipal, su deber no es el de resaltar el magro balance de un gobierno que él puede calibrar mejor que nadie, sino el de explicitar sin ambages el discurso socialista, que es el suyo, para decirnos con toda claridad en qué se diferencia la buena Galicia que él quiere y sabe hacer, de la otra buena Galicia, la de derechas, que construye Manuel Fraga. Por eso creo que Pérez Touriño está mejor encarrilado. Porque consiguió parar el suicida slalom socialista; porque no adoptó posiciones excluyentes; y porque parece empeñado en que los gallegos -socialistas o no- podamos elegir, si queremos, algo distinto de Fraga. Las encuestas vuelven a decir, otra vez, que es posible limitar el poder de Fraga y obligar al Partido Popular a adoptar las formas políticas adecuadas a la inminente transición postfraguista. Y, aunque esa limitación no implique necesariamente un gobierno alternativo, sería muy grave que las irresponsables rencillas personales de Vázquez y Touriño impidiesen una adecuada reconducción de nuestra política hacia una normalidad democrática que se rompió a causa del pésimo uso que hizo Fraga de sus reiteradas mayorías absolutas. Por eso nos deben un abrazo: ese que ambos se tienen que dar, a la salud política de todos los gallegos, bajo la foto de Pablo Iglesias. Porque sus 150 años de honrada memoria no dejan lugar para un The End alternativo.