LA «PANXOLIÑA» DE ECEIZA

La Voz

OPINIÓN

ANXO LUGILDE

06 ene 2001 . Actualizado a las 06:00 h.

Con una puntualidad que ya quisiéramos para los aeródromos gallegos, el jumbo de Iberia arribó ayer por la mañana al aeropuerto bonaerense de Eceiza. Las ruedas se detienen y se inicia uno de los más inútiles esfuerzos del hombre moderno: la carrera por salir antes del avión, competición en la que la suerte está echada de antemano, pues será la caprichosa cinta transportadora del equipaje la que decida quien saldrá primero al exterior. En medio del barullo suena por la megafonía del avión un familiar ritmo de pandeirada. Con esfuerzo y detenimiento se distingue la poderosa voz de la lucense Tereixa Novo y la recurrente palabra «panxoliña». Sí, eran Fuxan os ventos. Pero, según aclaró el comandante del avión, no se trataba de ningún guiño de Iberia a los pasajeros con destino a la ciudad gallega más grande del mundo. En realidad, franceses, alemanes e italianos eran mayoría y la canción había sonado por casualidad. Pero fue un curioso modo de desembarcar en Eceiza, un espacio de tránsito tan gallego, o más, como la estación de tren de Monforte, la antigua frontera de Valença o el muelle de trasatlánticos de A Coruña. Eceiza ha sido el escenario de los ilusionados embarques de los ancianos que regresan temporalmente a la Terra en el programa Reencontros, de sobrinos que se topan con unos tíos de América de los que como mucho sólo conocen la voz, etcétera. Los inesperados giros del viento de la historia están convirtiendo a Eceiza en algo diferente, en el lugar de partida hacia la emigración -retroemigración en muchos casos-, el sucesor del muelle coruñés en el que Manuel Ferrol obtuvo la desgarradora fotografía que resume la emigración. Tres amigas de Valeria, una joven bonaerense hija de un gallego y una italiana, se marcharon en los últimos años a España. Por ejemplo, una es camarera en Ibiza, donde gana un 50% más y probablemente goza de un poder adquisitivo mayor. La utopía neoliberal ha convertido a Argentina en estable macroeconómicamente. Los precios ya no suben varias veces en el mismo día. A lo mejor incluso bajan a lo largo del año. Pero da igual. Son prohibitivos. Al otro lado del Atlántico, la Galicia miserable que abandonó el padre de Valeria es un país de ensueño comparado con entonces. Sin embargo, ese progreso, cuyas luces y sombras en Buenos Aires no se perciben, ha sido tristemente insuficiente para acoger el enriquecedor aporte de quienes desean volver.