GALICIA ANTE EL NUEVO MILENIO LA URBE: Antonio Erias Rey, portavoz del grupo municipal del PP en A Coruña Frente a las prisas del siglo XX y el acelerado crecimiento con que se desarrollaron nuestras ciudades y, consecuentemente, su política urbana, el siglo XXI debería conducirnos a un espacio ciudadano más humano en el que previamente los agentes de la vida social y sus gestores, los gobiernos locales, cooperen en la definición de las nuevas necesidades. Es la opinión de Antonio Erias Rey, concejal y portavoz del Partido Popular en el Ayuntamiento de A Coruña, sobre las ciudades en el nuevo milenio.
19 dic 2000 . Actualizado a las 06:00 h.«Una ciudad es lo mismo que la vida. Ya estaba cuando nosotros asomamos y seguirá estando cuando nosotros nos hayamos ido». Antonio Gala resume así, en pocas palabras, como la ciudad es un conjunto y centro urbano donde las personas conviven, siempre en aras de alcanzar un grado satisfactorio de calidad de vida. Los cambios acaecidos en las ciudades durante este siglo han repercutido en la evolución de los modos de vida y se han reflejado en la política, la economía, el urbanismo y en la sociedad, con la aparición de nuevas formas de entender lo urbano, y donde la autonomía local se ha visto reforzada por la importancia creciente del papel de las ciudades. Los problemas de movilidad urbana han supuesto para los ciudadanos, a lo largo de los últimos años, un coste social y económico de primera magnitud. Esta cuestión ha tenido mucho que ver con la forma en que se intentó «resolver» aquellos costes, pues el uso masivo del vehículo privado como solución de transporte y conectabilidad urbana aumentó con el impacto que Henry Ford no preveía cuando indicaba: «Resolveremos el problema de la ciudad abandonando la ciudad». Está claro que esta opción empeoró de forma notable la movilidad urbana pues el aumento en el tiempo de desplazamiento, su coste, los problemas de congestión y atasco de las vías públicas y la necesidad de nuevos viales, hizo que el desarrollo de modelos en los que se impuso una solución de transporte privado frente a otras de naturaleza más amplia y menos excluyentes para los colectivos más sensibles (niños, jóvenes, personas mayores, discapacitados, etcétera), como podría ser el transporte público, no tuvieran el empuje y apoyo que necesitaban en estas últimas décadas; de ahí que se reclame el nacimiento de una nueva cultura urbana. Pero ello ahora, en este cambio de siglo y milenio, debemos de plantearnos hacia dónde van las ciudades y cuál es su futuro. Es evidente que los centros urbanos como lugares de convivencia y encuentro exigen y requieren, a la vez, el desarrollo de la movilidad urbana, de un conjunto de medidas integradoras centradas en las personas, en las que se apueste por la regeneración de los núcleos urbanos y se devuelvan las calles y plazas a los ciudadanos. Todo ello impulsado por la recuperación de los centros históricos, el desarrollo de áreas de encuentros comerciales y culturales, la reducción de la presión del transporte mecanizado sobre la trama urbana, y la mejora y funcionalidad de las infraestructuras y los servicios. Se trata de hacer una ciudad más humana. Una nueva cultura En cualquier caso, hay que señalar que toda esta problemática no se resolverá únicamente de la mano de determinadas políticas y acciones aisladas, sino que requerirá la puesta en valor de una nueva cultura, donde la persona configure el elemento básico y primordial de las ciudades del futuro. En definitiva, se trata de devolver la ciudad a sus habitantes, de conseguir una ciudad sin prisas cuyo centro de gravedad sea, como no puede ser de otra manera, el ciudadano.