NACIONALISMOS Y ACUERDOS XOSÉ LUÍS BARREIRO RIVAS, profesor de Ciencia Política
17 dic 2000 . Actualizado a las 06:00 h.Aunque nadie lo dice, todo el mundo sabe que el tratamiento de la cuestión vasca tiene mucho de huida hacia adelante, a la espera de un suceso que venga a liberarnos de esta sensación de marasmo y perplejidad que se renueva después de cada atentado, o cada vez que la arena política se convierte, sin saber por qué, en un patio de verduleras. Por eso se explica que un estudio sociológico sin apenas tradición, como el Euskobarómetro, se haya convertido en la ansiada vitamina del discurso constitucionalista, como si sus predicciones fuesen los dogmas que van a dar trascendencia al estéril pulso político entre Arzalluz y Aznar. Claro que, para que la vitamina sea eficaz, es imprescindible administrarla de forma adecuada, leyendo sólo lo que conviene y de la forma que conviene, y reduciendo lo demás a un excipiente neutro, fácilmente eliminable. Nadie debe decir, por ejemplo, que el diagnóstico de la situación que hace la sociedad vasca es diametralmente opuesto al que tanto se rentabiliza en el resto de la península, y que muchas de las cosas que aquí se nos presentan como agua de bombero caen después sobre Euskadi como pura gasolina. ¿Sabían ustedes, por ejemplo, que Arzalluz está mejor valorado que Mayor Oreja, o que el vecino de tabla de Iturgaiz se llama Otegi? ¿Sabían que el hipotético empate en escaños entre el PNV y el PP se obtiene con una diferencia de casi seis puntos en el porcentaje de voto real (28,3% PNV y 22,8% PP)? ¿Alguien les dijo claramente que los políticos mejor valorados de Euskadi son nacionalistas, socialistas y comunistas, y que sólo en octavo y noveno lugar aparecen los del PP? ¿Cómo definiría usted una situación en la que se comenta con alivio que la Constitución ya es aprobada por el 50% de la población, o que el rechazo frontal a ETA ya alcanza el 60%? Si no sabe qué decir, haga la sencilla operación de expresar estos porcentajes a la inversa, y dígame: ¿qué opina de una situación en la que un 40% de ciudadanos coquetea con ETA, o en la que un 50% del censo votaría «no» en un hipotético referéndum constitucional? El único dato que alienta la estrategia global -el equilibrio parlamentario entre PNV y PP- es resultado de una extraña y engañosa arquitectura electoral auspiciada en su día por una estrategia nacionalista. Porque todo lo demás me sugiere -¡lamento decirlo!- que caminamos a tumbos y por la senda equivocada.