40 AÑOS DE CÓCTEL MOLOTOV

La Voz

OPINIÓN

ROBERTO L. BLANCO VALDÉS

02 dic 2000 . Actualizado a las 06:00 h.

Lo hemos oído una y otra vez en estos días: «ETA es el único legado vivo del franquismo». Y es verdad... pero no es cierto. Verdad, sí, porque de aquella costra brutal y autoritaria que fue el régimen de Franco, construido a medio camino entre la sacristía y el cuartel, sobre una ideología que apestaba a pólvora y a incienso, sólo ETA queda ya machacándonos la vida. ETA es la esencia pura del brebaje fabricado por un general acomplejado para consumo masivo de su tropa cotrosa de legionarios, falangistas, damas de acción católica y banqueros: ETA es la brutalidad, el autoritarismo, la pólvora, el incienso, la sacristía y el cuartel. Es verdad, sí, por supuesto, que «ETA es el único legado del franquismo», pero no es cierto, sin embargo, que el franquismo, por sí solo, pueda explicar ese inmenso drama que tiene hoy atenazado a un país entero y que ha convertido a España en el único territorio de la Unión donde hay cientos de miles de personas privadas de sus derechos más elementales. Porque ETA, que comete en 1960 su primer asesinato y en 1970 su primer secuestro, no fue, pese a lo que sus propagandistas predican todavía, un grupo antifascista nacido para luchar por las libertades democráticas. No. ETA fue, desde el mismo día en que nació, otra cosa muy distinta: una mezcla extraña, y explosiva de nacionalismo xenófobo etnicista, que hunde su raíz en el carlismo y leninismo. ETA toma lo peor del nacionalismo y lo peor del leninismo y lo funde -en un verdadero cóctel molotov político-ideológico- para dar lugar al nacimiento de una pesadilla autoritaria y criminal que resulta tan hostil al pensamiento racional y tan impermeable a cualquier influencia extraña a sus delirios, que ETA ha podido seguir asesinando y secuestrando tras el final del régimen de Franco y el establecimiento de un sistema democrático, como si nada hubiera sucedido. Y es que para ETA, en efecto, nada en absoluto ha sucedido: ni la democracia, ni la autonomía, ni su gobierno por los nacionalistas, han impedido a ETA continuar con su juicio -paranoico- de lo que sucede en Euskadi y en España. Los pistoleros que han dirigido y dirigen la banda criminal han considerado siempre a ETA como la auténtica vanguardia del movimiento de liberación de una nación sometida militarmente a dos potencias extranjeras. Por eso, para ETA todo está justificado. Y por eso, con ETA resulta imposible negociar.