EL DEBATE La secretaria de Estado de Florida, Kathleen Harris, otorgó el domingo la victoria a Bush por tan sólo 537 votos. El republicano logra así los 25 votos electorales del estado que le dan la Casa Blanca. Sin embargo, Al Gore no está de acuerdo y ya ha anunciado que impugnará los resultados de Florida, prolongando aún más la incertidumbre. ¿Debe el candidato demócrata asumir la derrota?
27 nov 2000 . Actualizado a las 06:00 h. A FAVOR SENTIDO Y SENSIBILIDAD
José María Peredo es periodista y profesor de Relaciones Internacionales
El candidato a presidente más votado de la historia americana, Al Gore, tiembla ante la difícil papeleta de reconocer su derrota en Florida. No le queda más remedio. Los recuentos manuales de votos han resultado insuficentes para recortar la distancia con Bush, y los votos por correo le han sido desfavorables. Gore ha sabido aprovechar políticamente el sistema electoral de su país y mostrarse ante sus seguidores como un luchador infatigable. Pero ahora no debe judicializar las elecciones. La opinión pública, elemento esencial en una democracia, puede no tolerar que abogados y jueces decidan sobre un resultado proclamado por los ciudadanos.