EL INICIO DEL POSPUJOLISMO

La Voz

OPINIÓN

LUIS M. MENDIZÁBAL

11 nov 2000 . Actualizado a las 06:00 h.

A Jordi Pujol le quedan todavía, en teoría, tres largos años de mandato en Cataluña, con una oposición cada vez más crecida y unas relaciones con el PP (tanto en Madrid como en Cataluña) que no se pueden considerar precisamente idílicas. De todo ello habló ayer Pere Esteve, el hasta ahora secretario general de Convergència Demo-cràtica de Catalunya (CDC), y también de los logros y del futuro. Pero el futuro se llama Artur Mas, considerado el heredero natural de Pujol, el que será a partir de hoy nuevo secretario general del partido. La palabra renovación, que apareció varias veces en el discurso de inauguración de Pujol, está muy presente en el XI Congreso del partido que finaliza hoy en Cornellá (Barcelona), un Congreso importante para desvelar el futuro político de CDC, y que a buen seguro supondrá un cierto descalabro para el sector moderado del partido, aquellos que, como el mismo Pujol, abogan por no salirse de los límites impuestos por la Constitución y el Estatuto. Este Congreso va a representar el triunfo del sector soberanista, encabezado por Artur Mas, que ha dirigido una ponencia que incluye el derecho de autodeterminación para Cataluña y en la cual la Constitución está considerada como «punto de partida», y en cierto modo augura un cambio de estilo político, el principio de una nueva etapa. Además, el Congreso ha servido para reivindicar la Declaración de Barcelona, que une los intereses independentistas de tres formaciones nacionalistas (CDC, BNG, PNV) de diferentes sensibilidades políticas. Las complicadas relaciones entre CDC y Uniò Democràtica de Catalunya (UDC), un socio político que celebrará próximamente su Congreso, también han quedado retratadas en Cornellá. Durán i Lleida, líder de los democristianos, ha enviado una delegación de su partido pero él no se ha acercado por un Congreso que sí acogerá a miembros de otros grupos políticos de toda España, como Anasagasti (PNV) o Carod Rovira (ERC), entre otros. Si a todo esto le unimos la frustración de no ser ya decisivos en Madrid, la incomprensión de una parte de sus votantes por la política de apoyo al PP y el desgaste que supone gobernar durante más de veinte años, no es descabellado suponer que el próximo Congreso será el del homenaje a Pujol.