FERNANDO HIDALGO
25 oct 2000 . Actualizado a las 07:00 h.El fútbol y la muerte no son dos jinetes que cabalguen juntos. Por ello, la sociedad se lleva las manos a la cabeza cada vez que la violencia hace acto de presencia en el balompié y más aún cuando ésta acaba con la vida de una persona. En un pueblo de Albacete, un hincha del Madrid mató de un tiro en la cabeza a uno del Barcelona. Decidió acabar con meses, tal vez años, de discusiones estériles. Y la tragedia llega poco después de lo de Figo en el Camp Nou, donde la violencia no se manifestó en su grado extremo, pero sí en toda su esencia. Pero el fútbol es el gran ausente. Ni estaba cuando al panadero le volaron la cabeza, ni cuando el caudillo Gaspart demonizó a Figo. Algunos seres humanos son así. Un buen día pegan; otro, incitan; y otro, matan. Y lo hacen tras una discusión de tráfico, después de unas copas, de un dolor de cabeza... No es correcto decir que una bronca futbolística acaba en asesinato. La realidad es que un enfermo conjuró en un disparo todas sus frustraciones. Mató a otra persona. ¡Qué más da de qué narices discutían!