LO QUE EL VIENTO SE ESTÁ LLEVANDO

La Voz

OPINIÓN

XOSÉ LUÍS BARREIRO RIVAS

22 oct 2000 . Actualizado a las 07:00 h.

En este país, que tanto se horroriza con las penas de muerte dictadas en Estados Unidos, hay trece millones de ciudadanos (el 35,3%) que aprobarían la pena capital y la consiguiente ejecución de los etarras que, todavía ayer, asesinaron a Máximo Casado. En este país, que tanto presume de su modernidad penal, hay quince millones de ciudadanos (el 38,3%) que renuncian al objetivo de reinserción social de los penados y abogan por el cumplimiento íntegro de todas las condenas. En este país, que tantos piropos dirige a su Constitución, y tanta fidelidad promete a sus principios, hay treinta millones de ciudadanos (78,8%) que creen en las virtudes terapéuticas de esa antigualla llamada cadena perpetua. Y en este país, que tantas lecciones le da a los chilenos, yugoslavos y demás democracias tambaleantes, no hay más que un millón y medio de ciudadanos que están de acuerdo con los criterios penales fijados en la Constitución. La razón de esta catástrofe es ETA, cuya sistemática campaña de agresión al Estado, unida a la falta de defensas democráticas que produce la actual epidemia de discurso único, está provocando enormes destrozos en nuestra cultura de la libertad. Y en este clima empiezan a sucederse los errores: un Gobierno que manipula el Código Penal cada vez que tiene que responder a los asesinos; un PSOE que no se atreve a distanciarse de los despropósitos de la política penal del PP; unas intituciones tutelares que no alertan del desequilibrio legal que progresa peligrosamente a cada golpe de terror, de violencia familiar, o de delincuencia organizada; un José Bono, con síndrome de abstinencia, que se apunta a la picota medieval; y un Aznar, el gran líder, que recupera el nacionalismo español más rancio, cutre e inoportuno. Si es cierto aquello de «dime de qué predicas y te diré de qué careces», me temo que España está quedando muy dañada por el diálogo mímico y subconsciente que mantenemos con ETA. Porque reaccionar a cada movimiento de la banda es dialogar. Y porque modificar la cultura constitucional que rige el Estado, para responder a cada golpe de ETA, es lo mismo que estar haciendo concesiones a una banda que persigue exactamente eso. La violencia de ETA es como un huracán que azota sin tregua la convivencia de España. Y, contra todo pronóstico, creo que las encuestas nos advierten _todavía a tiempo_ de las muchas cosas que ese viento se está llevando.