LUIS PAZ MARIÑAS
12 oct 2000 . Actualizado a las 07:00 h.Los españoles somos especialistas en proponer mano dura cuando un problema requiere mano izquierda; pero la contraria también se cumple, y a veces nos contentamos con un masaje con tal de no pasar por el quirófano. Cuando a cientos de chavales se les lava el cerebro para que se dediquen a la guerrilla urbana, resulta fácil proponer una ampliación de los castigos. Ha tenido que recordar el amenazado Savater que la violencia juvenil no se resuelve con más cárcel sino con mejor colegio. Con igual desacierto, aunque la situación sea la inversa, ante delitos como abusos a niños, violencia doméstica o violaciones, se esgrime como varita mágica la publicación de listas de condenados en lugar de pedir mayor contundencia de la justicia. José Bono acaba de subirse al cajón de la demagogía para recuperar los centímetros de popularidad que perdió tras el congreso del PSOE. Si la dictablanda nos prohibía desear al vecino del quinto, ahora se nos propone que lo espiemos. O sea, que llevemos la lista de degenerados en el bolsillo y actuemos como detectores móviles de la disfunción social: persona con la que nos crucemos, zas!, se le pide el dni y a vocear que el susodicho ha sobado niños. No se apunta el paso siguiente: ¿Linchamos al delincuente? ¿Le negamos el saludo? ¿Le pedimos que nos cuente sus hábitos para convertirlo en la estrella de un programa de la telebasura? Las experiencias de Italia y Reino Unido han demostrado que la divulgación de nombres no resuelve el problema y genera otros nuevos, en la persona de inocentes agredidos o de rehabilitados a los que se les niega esta condición. Quien ha tenido la desgracia de ser víctima de ese tipo de salvajadas, lo que de verdad desea es que la justicia actúe. Que le garantice que el culpable permanece entre rejas un tiempo suficiente. Publicar listas no va a evitar que los jueces feliciten al violador que le da un vaso de agua a su víctima para quitarle el mal sabor de boca. O que la mayoría de mujeres víctimas de violencia doméstica mueran después de haber denunciado a sus agresores.