EL PERSONAJE - Juan Ortuño -/ Pável Gómez
12 oct 2000 . Actualizado a las 07:00 h.Los desfiles no son para los generales. Una norma no escrita en la milicia dice que la motricidad de un general es inversamente proporcional a la de su tropa. El general camina para pasar revista a la formación, pero en los desfiles donde es la tropa la que se mueve, se convierte en un ser estático. En un animal de tribuna. El general Ortuño rompió ayer la norma y desfiló en un todoterreno al frente del Eurocuerpo. La ocasión lo merecía: por primera vez desde 1939, las tropas aliadas, y esta vez de toda España, desfilaron por el Paseo de la Castellana. En su todoterreno, más que un general, parecía el astronauta volviendo a casa en esos desfiles de confeti que organizan los americanos. La metáfora no es desacertada. Al general le quedan dos telediarios en la estación espacial de Kosovo. En tres días, dejará su puesto a un italiano. Pero nadie podrá quitarle los laureles de haber mandado seis meses a 40.000 hombres de 39 países en la operación más grande de la historia de la OTAN. Nadie. Ni siquiera los que, como yo, le recuerden alguna vez el papel gris que se le atribuye en el 23-F para esconder las vergüenzas del Cesid en el golpe.